El 25 de junio, mientras la vida seguía su curso en el restaurant Al Giorno de Maturín, Víctor Andrea D’Orsi y sus amigos se vieron abruptamente sacudidos por la noticia de la devastación causada por el doble terremoto que azotó el norte de Venezuela el día anterior.La sorpresa inicial se convirtió rápidamente en un fuerte sentimiento de responsabilidad y deseo de ayudar.


































