Días después de que 17 menores fueran rescatados de la secta ultraortodoxa judía Lev Tahor en Yarumal, Colombia, persisten múltiples interrogantes sobre cómo este grupo logró establecerse en el país. La comunidad, que enfrenta graves acusaciones de tráfico de menores y abuso infantil, habría ingresado al territorio colombiano de manera silenciosa, alojándose en un hotel y permaneciendo allí durante un mes antes de ser detectados por las autoridades locales. Periodistas e investigadores han comenzado a indagar sobre la naturaleza de su estancia: ¿estaban de paso o planeaban establecerse permanentemente en Colombia, como ha sido su práctica en otros países de América Latina? La inquietud crece ante la posibilidad de que este grupo, conocido por evadir la justicia, haya encontrado en Colombia un nuevo refugio para sus actividades controvertidas.
Lev Tahor, fundado en 1988 en Jerusalén, es un grupo religioso que ha resaltado por sus constantes conflictos con la ley en los países donde se ha asentado, lo que ha generado un patrón itinerante que los lleva a cambiar de dirección ante la presión judicial. Desde Guatemala, donde se establecieron tras ser acusados de negligencia infantil, hasta México, su historia está repleta de incidentes relacionados con interpretación extrema de sus creencias y justificaciones de una supuesta persecución religiosa. Por ejemplo, en Guatemala, después de varios conflictos con la comunidad local, el grupo fue expulsado por el consejo de ancianos, mostrando una clara desconexión entre ellos y el contexto cultural en el que intentan adaptarse.
En México, la situación del grupo empeoró con la muerte de su fundador, Shlomo Helbrans, y una serie de operativos policiales que rescataron a jóvenes de sus campamentos. Estos eventos dramatizan la tensión entre las autoridades y Lev Tahor, que argumenta ser víctima de una persecución religiosa. La situación llegó a su punto culminante en 2024, cuando 160 menores fueron rescatados en Guatemala, revelando la magnitud de los problemas enfrentados por la secta. Hoy, la entrada de Lev Tahor a Colombia plantea preguntas sobre cómo pueden operar en un país con un historial conflictivo de acaparamiento de tierras por grupos religiosos que buscan el aislamiento.
Gloria Arriero, directora de Migración Colombia, ha señalado que el grupo tenía planes de arrendar una finca en Colombia para establecerse y continuar con su modelo de vida, que incluye matrimonios entre jóvenes desde una edad temprana. Esto resuena con las preocupaciones de que Lev Tahor deba ser vigilado estrictamente para prevenir posibles abusos. Se destacó que entre los menores rescatados, se encontraban varios estadounidenses con alertas internacionales. Esto implica que, además de las dinámicas locales, hay una red más amplia que podría estar facilitando las actividades del grupo en múltiples países.
El contexto en Colombia, caracterizado por grandes áreas rurales con escaso control estatal, ha resultado atractivo para grupos como Lev Tahor, que buscan escapar de la vigilancia gubernamental. La comunidad judía colombiana ha distanciado claramente sus valores de los de la secta, condenando sus prácticas y apoyando las acciones del gobierno para detener su expansión. Esta situación pone de manifiesto la complejidad de manejar la presencia de comunidades religiosas que persiguen estilos de vida aislados en un país donde los conflictos por el territorio y la distribución de recursos son comunes. En este escenario, la vigilancia y la intervención gubernamentales se tornan fundamentales para asegurar que se respeten las leyes y los derechos de los menores.


















