Venezuela ha pedido formalmente ayuda a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) debido a las crecientes preocupaciones por la «agresión» de Estados Unidos en la región del Caribe. En una carta divulgada este domingo por el presidente Nicolás Maduro, se expone la inquietud sobre un operativo antinarcóticos que Washington ha mantenido desde agosto, lo que Maduro considera una amenaza directa a su gobierno y a las vastas reservas petroleras del país. En la misiva, el mandatario expresa su esperanza de contar con el respaldo de la OPEP para frenar lo que considera una ofensiva militar que podría desestabilizar no solo a Venezuela, sino también el equilibrio del mercado energético internacional. Las palabras de Maduro fueron leídas por la vicepresidenta Delcy Rodríguez durante la segunda conferencia ministerial 2025 de la alianza OPEP+, donde también participan Rusia y Arabia Saudita.
La preocupación de Venezuela se agrava por el hecho de que Estados Unidos ha implementado un amplio despliegue militar, que incluye buques destructores, aviones de combate y el portaaviones más grande del mundo. Según el gobierno venezolano, estas maniobras no están dirigidas a una verdadera lucha contra el narcotráfico, sino que tienen como objetivo derrocar al presidente Maduro, quien ha sido considerado un líder ilegítimo por la administración estadounidense. Las advertencias de Maduro se producen en un contexto complicado, donde su gobierno enfrenta serias dificultades para mantener la estabilidad del sector petrolero, fundamental para la economía nacional y la que depende gran parte del mercado energético global.
Por otro lado, la presión estadounidense se ha intensificado al considerar el espacio aéreo de Venezuela como «cerrado en su totalidad». Esta advertencia, emitida por el expresidente Donald Trump, ha llevado a varias aerolíneas a cancelar sus vuelos al país suramericano. La alerta aérea promovida por Washington ha sido acatada por al menos seis aerolíneas, incluyendo a la rusa Pegas Touristik, que previamente mantenía una fuerte conexión con la isla de Nueva Esparta, un destino clave para los turistas rusos. Esto impacta negativamente en la economía local, que se ha beneficiado de esta afluencia turística en los últimos años.
A pesar de las dificultades aéreas debido al alertamiento de Estados Unidos, Venezuela ha mantenido operativas sus conexiones aéreas con Rusia a través de su aerolínea estatal Conviasa. Este vínculo con Moscú es estratégico para el chavismo, ya que Rusia representa uno de los pocos aliados cercanos de Maduro en la actual geopolítica internacional. La firma de varios convenios turísticos en los últimos tiempos ha permitido que, pese a las dificultades, continúen llegando turistas rusos a Venezuela. Sin embargo, las tensiones en la región podrían poner en riesgo no solo las relaciones diplomáticas entre Venezuela y Rusia, sino también el delicado equilibrio económico basado en el turismo.
La situación se vuelve más compleja con el anuncio de que Estados Unidos comenzará a rastrear y detener a narcotraficantes venezolanos por tierra. Este movimiento, que refuerza el enfoque militar de la administración estadounidense hacia Venezuela, intensifica aún más las tensiones y provoca un clima de incertidumbre en la región. La presión del gobierno estadounidense refleja el enfoque más agresivo que ha tomado en su relación con Caracas, complicando aún más la situación de Maduro y su capacidad para gobernar un país que ya enfrenta severas crisis económicas y sociales. La comunidad internacional observa de cerca la evolución de estos acontecimientos, que podrían tener repercusiones más amplias en la estabilidad de América Latina.
















