Colombia avanza este domingo en la compleja tarea de remoción de los escombros dejados por el devastador terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el país hace una semana. Con la esperanza de encontrar sobrevivientes cada vez más disminuida, las autoridades centraron sus esfuerzos en la limpieza de las zonas más afectadas. Miles de casas, edificios, hospitales y hoteles colapsaron en un instante, dejando un saldo trágico de casi 300 muertes y más de 140 personas desaparecidas, principalmente en ciudades que ahora lucen desoladas, con calles vacías y comercios abandonados.
En Pereira, una de las localidades más golpeadas, el sonido estruendoso de las retroexcavadoras y grúas retumba en medio del silencio que solían tener las calles. Los rescatistas han restringido el ingreso de voluntarios a las edificaciones en ruinas, ya que las esperanzas de rescatar a alguien con vida son escasas. Andrés Cano, un estudiante de enfermería de 30 años, compartió su agotamiento emocional, expresando que ‘se siente uno agotado, es un cansancio mental más que todo’, mientras las máquinas convierten los escombros en montañas de ladrillos y hierros.
La situación se torna crítica para los damnificados, quienes enfrentan la difícil realidad de la falta de refugios adecuados. Cerca de 27,000 viviendas han sido destruidas, y muchos sobrevivientes se ven obligados a dormir en albergues improvisados, donde cada uno cuenta con códigos QR para reportar a los desaparecidos. Entre ellos se encuentra Yeiny Sánchez, una joven de 28 años que, acompañada de un polluelo herido que rescató, expresa su sensación de soledad y vulnerabilidad en medio de esta crisis.
Las autoridades locales advierten sobre el inminente colapso de varios edificios, marcado con una “X” roja, alertando sobre los riesgos a los transeúntes. Juan Carlos Tabares, un profesor de 58 años, se ha convertido en un símbolo de perseverancia al liderar un equipo de voluntarios que continúa la búsqueda de sobrevivientes, a pesar de que las posibilidades de encontrar vida disminuyen drásticamente después de 72 horas. ‘Queremos seguir apostándole a la vida’, comenta, desafiando las advertencias de las autoridades.
El presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, enfrenta su mayor desafío desde que asumió el cargo, pidiendo ayuda internacional, incluida la suspensión temporal de aranceles por parte de Estados Unidos para facilitar la recuperación. Se estima que la reconstrucción de Cali, la tercera ciudad más grande del país, costará alrededor de $3,200 millones de dólares. Con el apoyo de fondos internacionales y la determinación de la población local, Colombia intenta levantarse desde las cenizas de esta tragedia, aunque el camino hacia la recuperación será largo y lleno de obstáculos.



















