La Unidad Nacional de Protección (UNP) se encuentra en la mira tras el reciente atentado contra el senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay. A pesar de que Uribe contaba con la protección de dos escoltas además de un conductor en su vehículo blindado, la grave situación ha evidenciado fallas en el esquema de seguridad establecido. Augusto Rodríguez, director de la UNP, admitió que la protección durante el atentado fue insuficiente, lo que ha encendido alarmas sobre la efectividad de los mecanismos de seguridad utilizados para proteger a figuras políticas en Colombia.
La empresa encargada de proporcionar seguridad, La Unión Temporal Andinos, anunció cambios significativos en sus protocolos de protección. A través de un comunicado, la UT Andinos informó que en adelante, el uso de la figura de «autorelevo» será restringido, requiriendo autorización previa de la UNP. Esta práctica, que permite a un escolta ausentarse sin reemplazo, ha sido objeto de críticas debido a los riesgos que representa para la seguridad de los protegidos. Con esta nueva medida, la UT Andinos busca prevenir que los esquemas de protección se vean comprometidos por inasistencias no justificadas.
En un intento por mejorar la seguridad de los funcionarios públicos, se ha ordenado que cualquier programación interna relacionada con el autorelevo de los escoltas sea comunicada a la UNP desde el primer día de cada mes. Esta decisión se enmarca dentro de un contexto más amplio en el que también se revisarán procedimientos sobre licencias y otros permisos que pudieran afectar la disponibilidad de escoltas. Sin embargo, la respuesta a este cambio ha sido mixta; mientras algunos lo ven como un paso en la dirección correcta, otros lo consideran una medida tardía.
A la luz del atentado, han surgido críticas desde los sindicatos de la UNP, quienes afirman que estas modificaciones llegan demasiado tarde. Miguel Uribe Turbay había solicitado en múltiples ocasiones un refuerzo en sus medidas de seguridad, especialmente durante viajes internacionales, pero dichas peticiones fueron desestimadas por la UNP. Esta falta de atención a las solicitudes ha desatado un descontento profundo entre quienes consideran que los funcionarios públicos merecen protección efectiva y sin dilaciones.
La situación actual refuerza la necesidad urgente de replantear las políticas de seguridad en Colombia, particularmente en lo que respecta a la protección de figuras políticas. El atentado contra Uribe ha desencadenado un intenso debate sobre la serie de fallas en el sistema de seguridad y ha puesto de manifiesto la importancia de atender adecuadamente las necesidades de protección de los funcionarios. Varias voces han clamado por una revisión a fondo del sistema de seguridad, enfatizando que la vida de aquellos que ejercen funciones públicas no debe estar en riesgo debido a trámites burocráticos o esquemas de protección ineficientes.


















