El narcotraficante uruguayo Sebastián Marset reapareció recientemente en el escenario mediático a través de una videollamada con la radio paraguaya 780 AM, generando revuelo en el contexto de su búsqueda internacional. Desde un lugar que no quiso revelar, Marset insistió en su disposición para entregarse a la Justicia de Paraguay, una oferta que al parecer fue rechazada por las autoridades, quienes se negaron a excluir a su familia de los procesos judiciales en su contra. Esta situación ha evidenciado una tensión notable entre el narcotraficante y el sistema judicial paraguayo, así como la percepción de Marset de ser víctima de una persecución injusta.
Durante la entrevista, Marset reveló que su abogado, Santiago Moratorio, había mantenido reuniones con el fiscal general de Paraguay, Emiliano Rolón, en un intento de facilitar una entrega ‘pacífica’. Sin embargo, las condiciones impuestas por Marset, incluida la protección de su familia y la solicitud de ser recluido en una cárcel común, fueron desestimadas como ‘imposibles’. Estas declaraciones ponen de manifiesto no solo la complejidad de su situación legal, sino también el grado de desesperación que siente al ver comprometida la seguridad de sus seres queridos en el proceso judicial.
Sebastián Marset, quien enfrenta acusaciones de dirigir una red de narcotráfico a nivel internacional, destacó que carece de propiedades o drogas que lo vinculen directamente con los delitos que se le atribuyen. En su defensa, argumentó que las acusaciones son infundadas y que en Europa no enfrenta órdenes de captura, lo cual contradice la narrativa que lo asocia con el crimen organizado. En este contexto, la figura de su expareja, Gianina García Troche, quien se encuentra encarcelada en Paraguay por lavado de dinero y tráfico internacional de drogas, se volvió central durante su alegato, donde defendió su inocencia al afirmar que los cargos contra ella son una ‘falacia’.
Marset también relató que, tras la imputación de su expareja y otros, decidió abandonar cualquier plan de entrega, declarando que enfrentarse a la justicia en esas condiciones era imposible. Expresó su preocupación por su familia, incluyendo a su hermano y al hermano de García Troche, a quienes considera inocentes de cualquier actividad delictiva. Este aspecto de su relato resalta una narrativa familiar que se entrelaza con su vida criminal, revelando cómo las decisiones de los individuos pueden afectar a sus seres más cercanos.
Finalmente, Marset insinuó que existe un interés en su eliminación, alegando haber tenido acceso a un supuesto informe que indicaba órdenes de captura en su contra. Afirmó que, lejos de temer a la persecución, se mueve por Sudamérica con relativa libertad, utilizando diversos medios de transporte, a pesar de ser considerado uno de los narcotraficantes más buscados por la DEA. Su comentarios sobre la ‘mafia’ involucrada en la política y el sistema policial paraguayo son un reclamo de desconfianza hacia las instituciones, lo que sin duda complica aún más su situación y captura a escala internacional.


















