Miles de simpatizantes de Jair Bolsonaro se congregaron ayer domingo en varias ciudades de Brasil, mostrando su descontento tras el anuncio de Estados Unidos de imponer aranceles y sanciones a la nación sudamericana. Las manifestaciones tuvieron lugar en grandes urbes como Sao Paulo, Brasilia y Río de Janeiro, donde los participantes desfilaban con entusiasmo bajo la bandera nacional, decorada en sus emblemáticos colores verde y amarillo. En estos eventos, muchos portaban carteles en agradecimiento al expresidente estadounidense Donald Trump, destacando la conexión entre el movimiento bolsonarista y la política exterior de Estados Unidos.
El exmandatario Jair Bolsonaro, quien no pudo asistir debido a las restricciones judiciales que enfrenta, observó las protestas desde su hogar, capturado en un video enviado por un allegado a la AFP, en el que aparece vestido de manera informal, con una camiseta de la selección brasileña. A los 70 años, Bolsonaro está en el ojo del huracán por su presunta obstrucción a la justicia en un caso relacionado con un intento de golpe de Estado. Desde su condena, se le impuso el uso de un brazalete electrónico, así como la prohibición de utilizar redes sociales.
En Sao Paulo, el congresista Marco Feliciano pronunció un discurso enérgico, afirmando que, aunque Bolsonaro no puede hablar, la multitud se expresaría en su nombre. Este sentimiento de lealtad fue evidente en la gran afluencia de personas, quienes rechazaron las acciones del gobierno actual y expresaron su apoyo a las decisiones tomadas por la administración Trump. Las manifestaciones también reflejaron un fuerte sentimiento anti-Lula, con varios manifestantes responsabilizando al presidente actual por las tensiones con Estados Unidos.
Mientras tanto, Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente, hizo declaraciones desde Copacabana, donde también se llevaron a cabo protestas, celebrando las sanciones impuestas por el gobierno estadounidense al juez de la corte suprema brasileña, Alexandre de Moraes. Flavio acusó a Moraes de violaciones a los derechos humanos, alineando sus comentarios con el descontento palpable en la marcha, donde algunos manifestantes parecían encontrar valor e inspiración en la intervención de Estados Unidos.
Por otro lado, el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, quien se encontraba en un acto de su partido, emitió un tono conciliador respecto a la situación. Expresó su deseo de negociar con Estados Unidos en igualdad de condiciones y para que Brasil sea tratado con el respeto que merece. Lula subrayó que no se dejarían intimidar por las sanciones y que su gobierno está abierto al diálogo. A pesar de esto, muchos en la calle perciben la medida como un ataque directo a la administración Lula y a la soberanía brasileña, reflejando la polarización política que todavía persiste en el país.












