Una reciente modificación en los pasaportes uruguayos, implementada a mediados de abril, ha generado un revuelo internacional, especialmente en Alemania, Francia y Japón. Esta medida buscaba igualar la condición de los ciudadanos nacidos en el extranjero con aquellos que nacen dentro del territorio uruguayo, en un contexto donde la nacionalidad se gana principalmente por el ius soli. Las modificaciones incluyeron cambios en el renglón que indicaba la «Nacionalidad», ahora sustituido por «Nacionalidad/Ciudadanía», alineando así la identidad del ciudadano con el país emisor, en este caso, Uruguay, al eliminar el campo sobre el «Lugar de nacimiento». No obstante, esta acción no ha estado exenta de controversia, generando tensiones diplomáticas con varios países.
La anterior configuración de los pasaportes, que ocasionaba confusiones en aeropuertos y al abordar vuelos internacionales, sentó las bases para la necesidad de rectificar el diseño del documento. El cambio fue celebrado por organizaciones como Somos Todos Uruguayos y Acnur, que ven en esta medida un paso importante hacia el reconocimiento de derechos fundamentales para los ciudadanos legales en Uruguay. Con aproximadamente 16,000 ciudadanos legales no nacidos en el país, la nueva normativa busca erradicar la distinción que anteriormente existía, permitiendo a todos los uruguayos vivan donde vivan, ser reconocidos como tales en sus documentos de identidad.
A pesar de los avances en términos de derechos humanos reflejados en el nuevo pasaporte, las advertencias de Alemania, Francia y Japón no se hicieron esperar. El embajador alemán en Montevideo alertó que los nuevos pasaportes, que no especifican el lugar de nacimiento, no serán aceptados para entrar a Alemania, lo que restringe los viajes de uruguayos al país europeo. Francia también tomó medidas similares, suspendiendo temporalmente la emisión de visas para quienes deseen estancias de más de 90 días. Igualmente, Japón advirtió que los uruguayos podrían ver denegado su ingreso al país con el nuevo documento, generando una preocupación significativa en el gobierno uruguayo que se enfrenta a estas repercusiones diplomáticas.
El canciller uruguayo, Mario Lubetkin, ha minimizado las preocupaciones, afirmando que no ha habido rechazos significativos en Alemania y que el uso del pasaporte es mayoritariamente para turismo. Sin embargo, el excanciller Omar Paganini recalcó que la eliminación del campo “lugar de nacimiento” fue un error de la actual administración, sugiriendo que la solución probablemente pase por reimprimir un número considerable de pasaportes. A medida que el gobierno uruguayo intenta negociar con otros países para resolver esta situación, se mantiene la presión para asegurar que todos los ciudadanos sean reconocidos adecuadamente en el ámbito internacional.
El dilema de los pasaportes uruguayos pone de relieve una necesidad más profunda en la legislación sobre la nacionalidad en el país. Según el abogado Andrew Scott Mansfield, un marco jurídico claro es esencial para dar certeza sobre el estatus de todos los ciudadanos uruguayos como nacionales. Este enredo entre mejoras en el sistema de pasaporte y las advertencias internacionales subraya la complejidad de la movilidad global, donde un documento que debería facilitar el tránsito se convierte en una herramienta de incertidumbre debido a malentendidos o falta de claridad legal. La administración de Uruguay, en busca de soluciones rápidas y efectivas, se enfrenta no solo a un problema de imagen internacional, sino a la vitalización de las raíces legales de su ciudadanía.












