En el ámbito internacional, la toma de decisiones y posturas de los países pueden ser muy variadas, demostrando que los consensos no son la norma. A pesar de que muchos Estados de América Latina han optado por reconocer el Estado Palestino, Panamá se destaca como el único país que mantiene una postura contraria. Esta circunstancia se vuelve aún más notoria tras la reciente ruptura de México con su política de neutralidad diplomática, eligiendo apoyar la solución de los dos Estados, lo que deja a Panamá aislada en su decisión. Durante la Asamblea General de Naciones Unidas, muchos países aprovecharon la ocasión para formalizar este reconocimiento, mientras que a Panamá le queda la tarea de justificar su ausencia en este consenso regional.
La respuesta de Panamá, bajo el gobierno de José Raúl Mulino, es el resultado de una relación profundamente enraizada con Israel que se remonta a la creación del Estado judío en 1948. Panamá fue uno de los primeros países en reconocer la independencia israelí, y su apoyo se extendió incluso a las operaciones que ayudaron a establecer fuerzas aéreas en el nuevo Estado. Esta conexión histórica ha cimentado la postura actual de Panamá, que se manifiesta en decisiones diplomáticas y votaciones en foros internacionales, como lo evidenció su rechazo a la obtención de un estatus observador por parte de Palestina en la ONU en 2012.
Además del contexto histórico, la influencia de la comunidad judía en Panamá ha sido significativa. Con alrededor de 15,000 miembros, la comunidad judía no solo es una de las más grandes de Centroamérica, sino que también ha tenido un papel importante en la política y economía del país. Dos presidentes han tenido ascendencia judía, y el actual alcalde de la Ciudad de Panamá, Mayer Mizrachi, refuerza este legado. Asimismo, la reciente adopción de la Definición de Antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto indica un alineamiento continuado con la comunidad judía y sus preocupaciones a nivel global.
Las relaciones de Panamá con Estados Unidos también juegan un rol crucial en su postura respecto a Palestina. Con un gobierno estadounidense que históricamente ha sido decidido aliado de Israel, la política panameña se ve influenciada por la búsqueda de mantener buenas relaciones con Washington. Un memorándum firmado recientemente con la administración Trump para aumentar la presencia militar estadounidense en Panamá es un claro indicio de esta alineación. Con la relación diplomática y militar en tendencia a fortalecer lazos con Estados Unidos, resulta poco probable que Panamá considere un cambio de postura en cuanto al reconocimiento de Palestina.
A pesar de las condenas y críticas que enfrenta su posición, Panamá se muestra firme en su apoyo a Israel en un contexto donde el reconocimiento a Palestina gana impulso. Mientras varios países se alinean para otorgar reconocimiento diplomático y asumen posturas más activas en la crisis humanitaria de Gaza, Panamá se aferra a una identidad nacional que prioriza sus alianzas históricas y estratégicas con Israel. Esta situación plantea interrogantes sobre el futuro de las relaciones diplomáticas en América Latina y el papel de Panamá en la escena internacional, particularmente en un momento donde la presión para un cambio de postura podría incrementarse.

















