La Operación Causa Justa, lanzada en diciembre de 1989 por el entonces presidente estadounidense George H. W. Bush, tuvo como objetivo derrocar al líder panameño Manuel Antonio Noriega, quien enfrentaba acusaciones de narcotráfico. Noriega, que había estado en el poder durante seis años, había cambiado su relación con Estados Unidos, pasando de ser un aliado estratégico en la Guerra Fría a convertirse en un enemigo declarado cuando se revelaron sus vínculos con el crimen organizado. Con la creciente hostilidad y el temor por la seguridad del Canal de Panamá, Bush ordenó el despliegue de miles de tropas, marcando así una intervención militar que culminó en la rendición de Noriega a principios de enero de 1990.
Apenas unos días después de la invasión y la captura de Noriega, el Tribunal Electoral de Panamá se apresuró a restablecer la democracia en el país. Guillermo Endara, quien había sido declarado ganador de las elecciones de mayo que Noriega había anulado, asumió la presidencia el 27 de diciembre de 1989, aunque bajo la mirada crítica de aquellos que lo consideraban un títere del gobierno estadounidense. La ceremonia de toma de posesión estuvo marcada por la presencia de tropas estadounidenses, lo que generó cuestionamientos sobre la soberanía panameña y la legitimidad del nuevo gobierno. A pesar de sus esfuerzos por establecer un gobierno de reconstrucción, Endara enfrentó enormes desafíos económicos y sociales debido a las secuelas de la invasión.
La economía panameña quedó severamente afectada por las sanciones impuestas por Estados Unidos antes de la invasión, las cuales habían llevado al país a una profunda recesión. El periodo post-invasión no fue fácil; más de un tercio de la población vivía por debajo del umbral de pobreza y la corrupción rampante complicaba la gobernabilidad. Sin embargo, se establecieron los cimientos para la reconstrucción del país, aunque muchos habitantes veían a Endara y su gobierno como una extensión de la influencia estadounidense. Con el tiempo, Panamá logró estabilizar su economía y recuperar la confianza internacional,
Paralelamente, 36 años después de la Operación Causa Justa, una nueva intervención militar estadounidense se está llevando a cabo, conocida como la Operación Resolución Absoluta, cuyo objetivo principal es capturar al expresidente venezolano Nicolás Maduro, acusado también de narcotráfico. Esta intervención evoca recuerdos del episodio panameño, en el cual líderes capturados como Noriega fueron llevados a Estados Unidos para enfrentar la justicia. Por ahora, el futuro de Venezuela se mantiene incierto bajo la vicepresidencia de Delcy Rodríguez, quien ha sido considerada como una posible candidata para hacer concesiones a Washington.
Las lecciones aprendidas de la intervención en Panamá son aún relevantes en el contexto actual. La Operación Causa Justa mostró que la soberanía en el ámbito latinoamericano podía ser cuestionada por una intervención extranjera, lo que ha generado preocupación en otros países de la región sobre su legitimidad frente a los intereses de Estados Unidos. La influencia estadounidense en Panamá continuó aún después de la invasión, ya que Washington desempeñó un papel crucial en la formación de nuevas políticas y estructuras de seguridad. Estas incidencias e injerencias han dejado profundas heridas en la relación entre Estados Unidos y América Latina, y a menudo se cuestiona hasta qué punto la democracia en la región es un verdadero reflejo del deseo popular o una construcción dictada por intereses externos.

















