En una reciente declaración durante el Día Nacional de la Paz en Nicaragua, el presidente Daniel Ortega no escatimó en críticas hacia el mandatario estadounidense Donald Trump, a quien calificó de «desquiciado mental». Ortega hizo énfasis en las sanciones impuestas por el gobierno de Trump, que afectan directamente a sus hijos, y acusó al presidente norteamericano de estar detrás de acciones que incluyen el «secuestro» del exjefe de Estado venezolano, Nicolás Maduro, así como de amenazar a Cuba con operaciones militares. Estas afirmaciones provocaron un intenso debate en torno a la retórica y las acciones de la administración Trump en América Latina.
Durante su discurso, Ortega instó a Trump a detener lo que él denominó «políticas terroristas» a nivel mundial, sugiriendo que sería un paso hacia demostrar que realmente es un «hombre de paz». Tras mencionar el Premio Nobel de la Paz, el presidente nicaragüense insinuó que incluso aquellos que reciben tal honor pueden estar involucrados en conflictos bélicos, lo que pone en tela de juicio la genuidad de sus intenciones pacifistas. A sus 80 años, Ortega también advirtió que un líder de una potencia mundial que, en su opinión, carece de sentido común, podría llevar a su nación a un desastre mayor.
Ortega continuó su crítica al afirmar que no existía democracia en Estados Unidos, alegando que Trump pasaba por alto el Congreso y el Senado para llevar a cabo acciones militares en otros países, lo que consideró una grave amenaza para la paz global. En su intervención, se centró en los efectos devastadores de las guerras impuestos por el presidente estadounidense y citó cómo la falta de un proceso democrático en EE. UU. pone en riesgo la estabilidad mundial. El mandatario sandinista hizo hincapié en que estas decisiones unilateralistas son propias de alguien que ha perdido la razón.
Asimismo, el presidente nicaragüense recordó la condena de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) hacia Estados Unidos por actos de terrorismo en Nicaragua durante la guerra civil en la década de 1980, instando a Washington a cumplir con su responsabilidad de indemnizar al país. La mención de este fallo revivió las tensiones históricas entre los dos países y como Ortega subrayó, “¡Pagá, pagá y no andes matoneando y sancionando a los pueblos del mundo!”. Su llamado resonó durante la conmemoración del Día Nacional de la Paz, un día que debería abogar por la reconciliación y la estabilidad.
Finalmente, la intervención de Ortega plantea serias cuestiones sobre el papel de Estados Unidos en América Latina y el impacto de las políticas de Trump en la región. Con un discurso que mezcla críticas directas con llamados al diálogo y la paz, Ortega busca posicionarse como un defensor de los derechos soberanos de los pueblos latinoamericanos frente a lo que considera una hegemonía abusiva por parte de la superpotencia. A medida que avanza la controversia política en la región, las palabras de Ortega continúan generando interés y discusión sobre el futuro de las relaciones entre Nicaragua y Estados Unidos.



















