La gestación subrogada en Colombia se encuentra en una encrucijada legal. Aunque no es ilegal realizar esta práctica, carece de una regulación formal que establezca las condiciones adecuadas para las mujeres que la ejercen. Esto ha generado un debate intenso entre los sectores de la sociedad que abogan por su legalización, argumentando que una ley garantizaría la protección y los derechos de las gestantes, y aquellos que defienden su prohibición, sosteniendo que esta práctica convierte a las mujeres y los niños en objetos de mercado. La paradoja de la gestación subrogada en el país reside en que, a pesar de que no está bajo la mira de la ley, se han presentado 500 denuncias en los juzgados de familia en un corto período debido a irregularidades en estos procesos, lo que evidencia un abrumador vacío legal en la materia.
La falta de normas claras ha llevado a que las mujeres en Colombia se encuentren en una «zona gris» respecto a su estatus como gestantes. Sin cifras oficiales que determinen cuántas mujeres participan en esta práctica y en qué circunstancias, es imposible obtener un panorama completo y realista de la gestación subrogada en el país. A pesar de que algunas de estas mujeres lo hacen por motivos altruistas, hay otras que establecen contratos a cambio de compensaciones económicas, lo que agrega otra dimensión al debate. Con aproximadamente 80 impugnaciones mensuales llegadas a los juzgados, el fenómeno de la gestación subrogada se está convirtiendo en una preocupación legal de gran magnitud.
Diana Alejandra Calderón, abogada feminista, ofrece una perspectiva crítica sobre la legislación que rodea la gestación subrogada. Señala que sentencias como la T-968 de 2009 han sentado precedentes, pero su naturaleza no vinculante ha contribuido a la confusión y la desprotección de las mujeres involucradas. Calderón aboga por una regulación que no solo respete los derechos de las gestantes, sino que también considere el significado de la maternidad y su identidad. Esta discusión es crucial, ya que el concepto de ser madre no se limita a la gestación, y obligar a las mujeres a asumir roles que no desean podría ser profundamente perjudicial.
El debate sobre la gestación subrogada también involucra a especialistas y activistas que tienen opiniones divergentes. Activistas como Ita María Díez y Sara Jaramillo Gómez subrayan la importancia de distinguir entre gestación y maternidad, y la necesidad de no forzar a las mujeres a identificarse como madres simplemente porque portan un hijo en su vientre. Estas posturas resaltan la complejidad emocional y social de la gestación subrogada, y sugieren que una solución legal debe contemplar el bienestar tanto de las gestantes como de los niños involucrados, sin perder de vista los derechos humanos.
La situación actual de la gestación subrogada en Colombia es un reflejo de un dilema social que necesita ser abordado con urgencia. La falta de una ley clara y regulada que contemple adecuadamente los derechos de las mujeres y la moralidad involucrada en este tipo de procesos está generando un gran número de conflictos legales. Es fundamental que el país avance hacia una legislación que no sólo considere la protección y el reconocimiento de las gestantes y los niños, sino que también promueva un debate inclusivo que respete la diversidad de opiniones y realidades en torno a la maternidad y el derecho a la reproducción.

















