El fútbol en Ecuador se encuentra en medio de una crisis sin precedentes, marcada por la violencia narcotraficante que ha cobrado la vida de tres futbolistas en menos de un mes. A pesar de que la selección nacional celebra su clasificación al Mundial de 2026, la realidad del deporte local es sombría, asediada por un entorno de inseguridad y anuncios de amaños de partidos. La reciente ola de homicidios pone de manifiesto la alarmante penetración del crimen organizado en el fútbol, usando este deporte como un vehículo para el lavado de dinero y la manipulación de resultados. Organismos internacionales han comenzado a documentar estas prácticas, evidenciando la gravedad de la situación que, lejos de mejorar, parece estar empeorando.
El asesinato de Jonathan González, volante del club 22 de Julio en Esmeraldas, es un trágico ejemplo de esta violencia. González fue abatido a tiros en su hogar tras negarse a participar en un amaño solicitado por mafias de apuestas ilegales. Este episodio no solo impacta a su familia y a la comunidad futbolística, sino que también evidencia el riesgo al que se enfrentan los jugadores que se atreven a oponerse a las mafias. La situación es desesperante; la violencia ha permeado no solo la vida de los futbolistas, sino también la integridad del deporte en Ecuador. Oswaldo Batallas, directivo del club, lo describe con tristeza: «Speedy, como lo conocíamos, era un chico sano y murió por no venderse».
Esta ola de violencia se hizo sentir nuevamente con el doble homicidio de Maicol Valencia y Leandro Yépez en un hotel de Manta. Los dos futbolistas, del club Exapromo Costa, fueron acribillados en un ataque comandado por hombres armados. Aunque las investigaciones están en curso, tanto expertos como familiares creen que las redes de apuestas y el crimen organizado podrían ser responsables. La policía mantiene el caso bajo reserva, mientras que muchos se preguntan si estos jóvenes futbolistas fueron víctimas colaterales de un conflicto mucho mayor que atraviesa el país.
El auge de las apuestas deportivas y su conexión con las mafias ha convertido al fútbol en un punto estratégico para estas organizaciones. Un informe de la ONU señala que estas prácticas generan alrededor de 1.7 billones de dólares anuales a nivel mundial y son utilizadas por los delincuentes para blanquear dinero. En Ecuador, se han establecido numerosos vínculos entre clubes y casas de apuestas, algo que preocupa al sector. Carlos Tenorio, presidente del gremio de jugadores, enfatiza la necesidad de revisar estos vínculos: «No podemos concebir que estas casas sean la primera fuente de ingresos del fútbol». Esta situación pone en peligro no solo la seguridad de los jugadores, sino también la esencia del deporte.
Recientemente, los problemas de amaños y amenazas se han hecho más visibles. Un informe interno de la LigaPro reveló que al menos cinco partidos de la Serie B fueron manipulados este año, con el club Chacaritas como uno de los implicados en un intento de soborno. La policía y la fiscalía han comenzado a actuar, realizando allanamientos en varios clubes y confiscando celulares como parte de sus investigaciones. El experto en seguridad, Fernando Carrión, advierte que las mafias suelen apuntar a los equipos de Segunda, donde los jugadores, con bajos salarios, se encuentran en una posición vulnerable. Esto plantea un desafío no solo para los clubes, sino para toda la estructura del fútbol en Ecuador.












