El despliegue de aviones estadounidenses F-35 en Puerto Rico ha generado un fuerte revuelo en la región, luego de que el presidente Donald Trump diera la orden de reforzar la presencia militar en el Caribe con 10 de estos cazas furtivos. El sábado pasado, por lo menos cinco de estos aviones fueron avistados aterrizando en el aeropuerto regional José Aponte de la Torre, que se encuentra en la antigua base Roosevelt Roads en Ceiba. Esta medida se inscribe dentro de un esfuerzo más amplio para contrarrestar la influencia de los cárteles de droga en un contexto donde las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela están aumentando.
La llegada de los F-35 se suma al significativo despliegue militar que incluye ocho buques estadounidenses con capacidad de misiles y un submarino de propulsión nuclear frente a las costas venezolanas. Las autoridades estadounidenses justifican este movimiento como parte de una estrategia para combatir el narcotráfico en la región, aunque este argumento ha sido cuestionado por Caracas, que ve estas acciones como un encubrimiento para una potencial intervención militar. Recientemente, el Secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, realizó una sorpresiva visita a Puerto Rico, lo que reavivó las alarmas sobre las intenciones de Washington en el Caribe.
En respuesta a las operaciones militares de Estados Unidos, Venezuela ha denunciado un incremento en la vigilancia aérea estadounidense. El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, acusó a EE.UU. de haber duplicado sus vuelos de inteligencia desde agosto, en un giro operativo hacia misiones nocturnas y en las primeras horas del día. Estas acciones son vistas por el gobierno de Maduro como parte de un plan para desestabilizar su régimen, donde se teme que Washington busque justificar una intervención militar directa bajo la excusa de combatir el narcotráfico.
La tensión se incrementó aún más después de un incidente en el que un destructor estadounidense supuestamente abordó una embarcación pesquera dentro de la Zona Económica Exclusiva de Venezuela. The venezolana ha respondido ordenando la movilización de buques y el alistamiento de milicianos en diversas regiones costeras como una medida de defensa ante lo que consideran incursiones violatorias por parte de EE.UU. Maduro también ha instado a la gobernadora de Puerto Rico, Jenniffer González, a liderar una narrativa de amenaza que podría culminar en una invasión, planteando un panorama sumamente volátil en la región caribeña.
Sin embargo, el deseo de convertir a Puerto Rico en un centro de operaciones militares por parte de la gobernadora no ha sido bien recibido por todos. Diversos sectores de la oposición y grupos ciudadanos en la isla han expresado su descontento, organizando protestas en contra del despliegue militar. La situación en Puerto Rico se torna así en un foco de tensiones geopolíticas y una realidad compleja, donde se entrelazan las aspiraciones locales y las presiones externas, en un escenario cada vez más crítico en la lucha contra el narcotráfico y el trasfondo de rivalidades con Venezuela.












