Este domingo, los chilenos se preparan para ir a las urnas en un clima de polarización extrema, donde la figura del candidato más a la derecha desde la era de Augusto Pinochet, José Antonio Kast, resalta en el panorama electoral. Kast, con una ventaja considerable en las encuestas, se enfrenta a Jeannette Jara, la candidata de la coalición gobernante de izquierda y miembro del Partido Comunista. La intensa disputa electoral marca el inicio de una nueva era política, con el futuro presidente asumiendo el cargo el 11 de marzo de 2026, un periodo que promete ser crucial para la dirección del país. Las opiniones están divididas, y la tensión entre ambas candidaturas refleja el clima de opiniones encontradas que caracteriza a la sociedad chilena en estos momentos.
José Antonio Kast, abogado de 59 años y devoto católico, ha logrado posicionarse como el favorito en las encuestas, gracias a su discurso directo y sus propuestas polémicas. Con una retórica que repite que “el país se cae a pedazos”, actúa como un portavoz de los temores ciudadanos, prometiendo medidas drásticas como la deportación de 340,000 migrantes irregulares, principalmente venezolanos. En su tercer intento por llegar a la presidencia, Kast ha construido su propia plataforma política con el Partido Republicano, el cual fundó hace cinco años tras considerar que la derecha tradicional era demasiado complaciente ante los problemas que enfrenta Chile.
En el otro lado de la contienda se encuentra Jeannette Jara, una abogada de 51 años de origen humilde y exministra de Trabajo, que representa un enfoque más moderado y progresista. Con casi el 27 % de los votos en la primera vuelta, Jara se ha centrado en mejorar las condiciones laborales y defender los derechos de las pensiones, argumentando que la economía y el bienestar social son fundamentales para el desarrollo del país. Su postura contrasta notablemente con la de Kast, pero enfrenta el formidable desafío de desmantelar el concepto de inseguridad que ha cobrado fuerza en la campaña.
La seguridad ha sido el tema estrella de esta campaña electoral, a pesar de que las cifras reflejan que Chile es uno de los países más seguros de América Latina. La percepción de crimen ha llevado a muchos ciudadanos a inclinarse hacia propuestas que prometen una mayor seguridad, algo que Kast ha capitalizado eficazmente. En su cierre de campaña, el candidato de la derecha remarcó su compromiso con la seguridad, aprovechando el temor instigado por la migración y el aumento percibido de la delincuencia. Esta estrategia ha resonado particularmente con sectores de la población que han experimentado de cerca las consecuencias del estallido social y la crisis provocada por la pandemia.
Los cinco millones de nuevos votantes, tras el restablecimiento del sufragio obligatorio, presentan una nueva dinámica en el electorado chileno, con una notable inclinación hacia la derecha y la ultraderecha. Esta inclinación se observa no solo en las preferencias electorales, sino también en la ampliación del debate en torno a la seguridad y el bienestar social. La politóloga Claudia Heiss ha señalado que el estallido social generó un cambio hacia el conservadurismo que está marcando esta nueva etapa política. A medida que el país se prepara para una elección decisiva, queda por ver cómo estos nuevos votantes influirán en el futuro de un Chile que sigue lidiando con la polarización y los desafíos de su historia reciente.


















