La reciente oleada de bombardeos israelíes en Siria ha obligado a la comunidad internacional a prestar atención a los drusos, una minoría religiosa que representa alrededor del 3% de la población del país. El objetivo de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) al llevar a cabo estos ataques ha sido, según sus declaraciones, el de proteger a esta comunidad de las amenazas que enfrenta por parte del régimen sirio y grupos beduinos violentos. El presidente interino sirio, Ahmed al Sharaa, confirmó que la protección de los drusos es una de sus principales prioridades, sobre todo ante los informes de ejecuciones extrajudiciales y crímenes de lesa humanidad sufridos por ellos, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (SOHR).
La situación de la comunidad drusa en Siria ha sido especialmente complicada, marcada por la reciente violencia sectaria que ha cobrado la vida de alrededor de 600 personas en la región de Sweida, un bastión druso. Al Sharaa anunció la retirada de las fuerzas gubernamentales y de milicias sunitas de esta área, un movimiento que en teoría busca aliviar la tensión y permitir una mayor paz en la comunidad. Sin embargo, este retiro se da en el contexto de un acuerdo con Hikmat al Hijri, el influyente líder espiritual de los drusos, quien ha criticado abiertamente al régimen por su papel en la represión de su comunidad, aunque también ha afirmado su intención de continuar luchando contra las fuerzas gubernamentales hasta lograr la «liberación total» de la provincia.
Hikmat al Hijri, nacido en Venezuela, ha tenido una trayectoria política marcada por un vaivén de lealtades. Anteriormente un apoyo al régimen de Bashar al Assad, ha visto su relación con el gobierno deteriorarse tras enfrentamientos violentos y un desencuentro con un alto mando militar sirio que lo llevó a criticar abiertamente al régimen por sus atrocidades. Su actual postura mezcla una retórica de resistencia y un llamado a la defensa de los derechos de su comunidad, aunque algunos sectores drusos cuestionan su credibilidad y le reprochan su cercanía pasada con un gobierno responsable de innumerables violaciones de derechos humanos.
La conexión entre la comunidad drusa en Siria y su diáspora en América Latina, especialmente en Venezuela, es notable. Como muchos inmigrantes, los drusos llegaron a Venezuela en busca de un futuro mejor ante la inestabilidad económica y política de Siria. El exdiputado venezolano Adel El Zabayar explicó que esta migración fue motivada no solo por razones económicas, sino también por la búsqueda de un entorno que no fuera hostil a su fe. Este fenómeno ha llevado a que Suweida sea conocida como «la pequeña Venezuela» por la gran cantidad de drusos de origen venezolano que residen allí, lo que refleja un entrelazado cultural y social significativo.
La influencia de la comunidad drusa en Venezuela ha crecido desde la llegada de Hugo Chávez al poder, donde algunos miembros han alcanzado posiciones significativas dentro del gobierno, como Tarek El Aissami. A pesar de esta prominencia, los vínculos entre ambas comunidades se complican por la actual crisis en Siria, donde las tensiones sectarias y los ataques israelíes han puesto en jaque la seguridad de los drusos en su tierra natal. Con la violencia marcando su día a día y su futuro incierto, tanto la comunidad drusa en Siria como sus parientes en el extranjero siguen observando con ansiedad la evolución de este contexto crítico.


















