Mientras las organizaciones en todo el mundo apuran sus inversiones en inteligencia artificial (IA), muchas de ellas se ven atrapadas por una pesada carga: sistemas tecnológicos antiguos que fueron desarrollados hace más de veinte años. Esta «deuda tecnológica» se ha convertido en una de las barreras más significativas para la innovación. Según un estudio de la International Data Corporation (IDC), el 50% de las cargas de trabajo de las 4,000 empresas más grandes de Latinoamérica aún operan sobre estas plataformas heredadas, a pesar de que un impresionante 83% de estas compañías está impulsando iniciativas de modernización tecnológica. Sin embargo, el progreso es lento: solamente el 35% de las empresas creen que sus esfuerzos de modernización están avanzando de manera efectiva.
El problema se extiende por múltiples sectores, desde la banca hasta los servicios de telecomunicaciones y organismos públicos. Estas organizaciones siguen dependiendo de sistemas que fueron diseñados en los años noventa, que son cruciales para la gestión de operaciones críticas. Alejandro D’Andrea, CEO de BotMan AI, destaca que «existe una gran conversación sobre inteligencia artificial, pero poco se habla de que muchas empresas todavía dependen de tecnologías creadas hace más de dos décadas”, lo que resulta en un riesgo latente para su competitividad en la nueva era digital.
La conexión entre la IA y los sistemas heredados es problemática. Según un informe de Gartner, más del 70% de las iniciativas de transformación digital dependen del éxito en la modernización de los sistemas existentes. Esto implica que la actualización de la infraestructura tecnológica no solo es un objetivo deseado, sino un requisito estratégico para poder competir eficazmente en un entorno digital cada vez más exigente. D’Andrea enfatiza la necesidad de encontrar métodos que permitan la modernización de las aplicaciones críticas sin interrumpir las operaciones comerciales diarias.
El reto se complica aún más por la falta de talento especializado en tecnologías modernas. Muchos de los expertos que han mantenido estos sistemas durante años están próximos a jubilarse, mientras que las nuevas generaciones se están formando en tecnologías que, a menudo, se encuentran desconectadas de las plataformas heredadas que aún operan muchas empresas. Los especialistas advierten que la verdadera brecha tecnológica en el futuro no será entre las empresas que utilizan inteligencia artificial y las que no, sino entre aquellas que tienen una infraestructura adecuada para aprovecharla y aquellas que siguen estancadas en sistemas de una era pasada.
Así, mientras la inteligencia artificial promete transformar la manera en que operan las empresas, la obsolescencia de los sistemas tecnológicos representa una traba crítica. Las organizaciones deberán actuar con urgencia para modernizar su infraestructura, adaptándose a un entorno digital que desafía constantemente la capacidad de innovación. Sin una estrategia robusta para abordar esta deuda tecnológica, muchas empresas podrían encontrarse luchando por mantenerse relevantes en un mundo cada vez más centrado en la alta tecnología.



















