En medio de una creciente tensión política, el presidente Donald Trump ha exigido el despido de la doctora Erika McEntarfer, responsable de la Oficina Federal de Estadísticas, organismo crítico para la publicación de cifras sobre empleo, productividad y precios en Estados Unidos. Este llamado se produjo tras la difusión de un informe desalentador sobre el estado del mercado laboral, donde se destacan revisiones a la baja en las cifras de empleo de los meses de mayo y junio, generando nuevas preocupaciones sobre la salud de la economía. Según Trump, estas cifras están manipuladas y fueron creadas para perjudicar su imagen y la de su partido.
La reprobación a este anuncio no se ha hecho esperar, especialmente desde el campo demócrata. Políticos y economistas han criticado esta acción como un ataque a la integridad de las instituciones, señalando que despedir a la cabeza de una agencia estadística por desacuerdo con las cifras es una práctica que se observa en gobiernos autoritarios. Larry Summers, exsecretario del Tesoro, y Bernie Sanders, senador progresista, han manifestado su indignación a través de las redes, subrayando la importancia de contar con profesionales serios y no con ‘lacayos’ que solo reflejen lo que el presidente desea escuchar.
El informe de empleo revelado, que reporta la pérdida de 258,000 puestos de trabajo durante los meses de mayor revision, refuerza la narrativa de que la economía estadounidense podría estar en un camino de desaceleración. Economistas como Heather Long han calificado este desarrollo como un «punto de inflexión», sugiriendo que el mercado laboral se está deteriorando a un ritmo alarmante. Las modificaciones en los datos de empleo han causado un desacuerdo entre los informes optimistas promovidos por la administración Trump y las realidades que emergen de las estadísticas.
Desde la Reserva Federal también se han tomado decisiones que han agregado presión a la administración actual. A inicios de semana, se optó por mantener las tasas de interés sin cambios por quinta vez consecutiva, en un contexto en el que la economía enfrenta desafíos evidentes. La reciente renuncia de la gobernadora Adriana Kugler ha dejado un vacío en el comité que define estas tasas, lo que Trump ha utilizado como una oportunidad para reiterar su crítica a Jerome Powell, presidente de la Fed, sugiriendo que también debería dimitir. Esta cadena de eventos resuena con la estrategia del presidente de desviar la atención hacia fallas en las instituciones, como lo evidencia su reciente ataque a la Oficina Federal de Estadísticas.
Este clima de incertidumbre y acusaciones enfrenta al gobierno de Trump con una oposición unida y decidida a defender la independencia de las agencias estadísticas. La federación de economistas Nabe ha denunciado el despido como un acto sin fundamento, derivado no de manipulación, sino de la falta de recursos destinados a las agencias estadísticas. Con un clima político ya dividido, el desafío ahora para la administración es preservar la credibilidad de las instituciones y mantener una narrativa positiva en un contexto económico que se presenta cada vez más incierto.

















