Con motivo del Día Internacional Libre de Bolsas Plásticas, que se celebra este 3 de julio, especialistas han lanzado un contundente llamado a la acción para reducir el uso de este producto desechable y optar por alternativas reutilizables. Jorge Leiva, académico de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO), enfatiza que “una bolsa que usamos apenas 15 minutos, puede contaminar durante siglos”. Esta realidad se revela alarmante al considerar que cada minuto se consumen alrededor de 10 millones de bolsas plásticas a nivel global, muchas de las cuales terminan en vertederos o en los océanos, contribuyendo a una crisis ambiental sin precedentes.
La magnitud del problema del plástico es abrumadora. Se estima que solo el 1% de las bolsas plásticas se recicla, mientras que el resto implica un ciclo de consumo que afecta gravemente a los ecosistemas. La contaminación plástica no solo impacta la fauna marina, con más de un millón de aves y 100.000 mamíferos marinos que mueren anualmente por ingestión o enredos en plástico, sino que también amenaza la salud humana a través de las cadenas alimenticias. «Cada bolsa puede fragmentarse en miles de microplásticos», advierte Leiva, subrayando el riesgo persistente que esto implica para el medio ambiente y la vida en él.
Chile ha implementado medidas para combatir este fenómeno, destacándose la ley «Chao Bolsas Plásticas», que desde 2018 ha eliminado más de 5 mil millones de unidades. No obstante, el desafío va más allá de la simple prohibición. Jorge Leiva insiste en que sustituir una bolsa plástica por una de papel u otro material desechable no es suficiente: «El verdadero cambio es cultural. Necesitamos adoptar una lógica de reutilización y consumo responsable». Esto significa que el uso de bolsas reutilizables de tela o compostables debe convertirse en una práctica habitual en la vida diaria de las personas.
Además, la producción de plásticos no solo daña los ecosistemas, sino que también agrava la crisis climática. En 2015, la industria del plástico generó 1,7 gigatoneladas de CO₂, y se estima que esta cifra se cuadruplicará para 2050 si no se toman medidas inmediatas. Leiva sostiene que la acción individual posee un poder transformador, recordando que la adopción de hábitos sostenibles, como llevar una bolsa reutilizable y rechazar productos desechables, puede ser el primer paso hacia un cambio significativo.
El mensaje es claro y urgente: la reducción del uso de bolsas plásticas y el fomento de opciones sostenibles deben convertirse en una prioridad colectiva. Jorge Leiva concluye que no se trata simplemente de cambiar de bolsa, sino de transformar nuestro enfoque hacia el consumo en general. Ante un legado tóxico que podría perdurar por siglos, la responsabilidad de cada individuo se convierte en un elemento crucial en la construcción de un futuro más sostenible.



















