El desmantelamiento de las políticas de ayuda internacional bajo la administración de Trump ha generado un impacto devastador en la respuesta al VIH en América Latina. Durante casi tres décadas, programas como el Plan de Emergencia del presidente para el Alivio del SIDA (PEPFAR) han sido fundamentales para proporcionar atención médica y tratamientos a millones de personas que viven con VIH. Sin embargo, la reciente congelación de fondos ha puesto en riesgo no solo la continuidad de estos programas, sino también la vida de aquellos que dependen de ellos para su tratamiento diario. Activistas y profesionales de la salud han alertado sobre la posibilidad de un resurgimiento del VIH en la región, lo que podría revertir décadas de progreso en la lucha contra esta epidemia.
La experiencia de Rosember López, quien fundó una organización en México para apoyar a personas con VIH, ilustra los efectos inmediatos de la reducción de la financiación. López, que ha dedicado su vida a ayudar a otros a acceder a medicamentos esenciales, ahora se enfrenta a un futuro incierto. Su organización, A Helping Hand in the Fight Against AIDS (UMALCS), depende en gran medida de los fondos estadounidenses, y la reciente congelación ha generado una profunda preocupación entre los beneficiarios. «Es un recordatorio doloroso de los tiempos en que no había apoyo; la falta de acceso a tratamientos puede llevar a muertes evitables», declaró López, resaltando la urgencia de mantener la asistencia para evitar una crisis humanitaria.
Los efectos se sienten de manera aguda en varios países de la región. En Colombia, organizaciones como Red Somos, que atienden a inmigrantes venezolanos con VIH, han tenido que reducir drásticamente sus operaciones debido a la falta de recursos. David Márquez, coordinador de protección social del grupo, indicó que cerca de 300 inmigrantes no pueden continuar con su tratamiento antirretroviral, lo que pone en riesgo sus vidas. «Sin la ayuda de PEPFAR, estamos viendo cómo personas vulnerables se quedan desamparadas», advirtió Márquez, lo que evidencia la necesidad urgente de encontrar nuevas fuentes de financiación para sostener estas iniciativas críticas.
La situación se complica aún más en Haití, donde la organización Zanmi Lasante ha tenido que limitar sus actividades debido a la congelación de ayuda. El Dr. Alain Casseus, quien trabaja en la primera línea de atención al VIH, explicó que muchos haitianos dependen exclusivamente de su organización para recibir atención médica. Sin embargo, el apoyo psicológico y económico también ha sido afectado, lo que pone en peligro la salud integral de las familias afectadas. «La falta de recursos está creando un caos en el sistema de salud, y la recuperación no será fácil una vez que se interrumpa el tratamiento», comentó Casseus, reflejando la desesperación de muchos trabajadores de la salud en la región.
En medio de esta crisis, las organizaciones de ayuda en América Latina están clamando por apoyo internacional. La dependencia de la financiación estadounidense ha dejado un vacío que no puede ser llenado fácilmente. López, junto con otros activistas, ha hecho un llamado a la comunidad internacional para que se sume a los esfuerzos de financiación, subrayando que «ya sentimos el impacto, y necesitamos urgentemente apoyo para sostener nuestro trabajo». La continuidad de la atención a las personas que viven con VIH en la región depende de la acción colectiva y de una respuesta rápida para evitar que se repita la historia de sufrimiento que muchos pensaron que ya había quedado atrás.


















