Con velas encendidas, oraciones y cánticos cristianos, cientos de colombianos se reunieron en la emblemática Plaza de Bolívar de Bogotá para rendir homenaje a las 331 personas que perdieron la vida en el devastador terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el centro y suroeste del país el pasado 10 de agosto. Este acto solemnemente denominado «Oración por Colombia y gran velatón por las víctimas y familias afectadas en el terremoto» congregó a una multitud de asistentes, incluidos el presidente Abelardo de la Espriella y la primera dama Ana Lucía Pineda. La velatón no solo fue un momento de recuerdo, sino también un espacio para la reflexión sobre la solidaridad y la unión del país en tiempos difíciles.
Durante el evento, la primera dama Pineda expresó su agradecimiento a los donantes internacionales, quienes han enviado al menos 640 toneladas de ayuda humanitaria para atender a los damnificados del terremoto. Además, resaltó la labor de los colombianos, con Bogotá recaudando alrededor de 2,640 toneladas en donaciones. «Gracias a cada donante, a los voluntarios, a las empresas y a todas las personas que tendieron su mano e hicieron posible llegar a los territorios afectados con gestos de amor, ayudas humanitarias y acompañamiento psicológico», afirmó Pineda, destacando la importancia del apoyo colectivo en estos momentos críticos.
El acto se extendió por cerca de tres horas, donde el componente religioso fue central. A diferencia del evento de investidura del presidente el 7 de agosto, donde diversos líderes religiosos participaron, en esta ocasión predominaban las intervenciones de representantes de iglesias cristianas y del catolicismo. En un emotivo momento, se rindió un minuto de silencio en honor a las víctimas, justo antes de que el himno nacional, interpretado por la Sinfónica Nacional de Colombia, deleitara a los asistentes. Aunque estaba programado que el presidente De la Espriella se dirigiera al público, la lluvia obligó a que el evento concluyera antes de lo previsto.
Las secuelas del terremoto han sido devastadoras, afectando a 16 departamentos y 494 municipios, con un balance reciente que indica 187,839 viviendas dañadas y otras 33,395 destruidas. Este desastre ha puesto a prueba la capacidad de respuesta del país, afectando especialmente a las comunidades de Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño. En estas zonas, miles de familias aún esperan asistencia y la reconstrucción de sus hogares. La emergencia ha resaltado la vulnerabilidad de muchas áreas y la necesidad de una respuesta coordinada y efectiva por parte de las autoridades.
De acuerdo con información de EFE, la magnitud del impacto ha generado una fuerte movilización social y política en Colombia para atender las necesidades de los damnificados. Este evento simbólico no solo buscó conmemorar a las víctimas, sino también fomentar la conciencia sobre la importancia de la unidad nacional y la solidaridad. La respuesta del pueblo colombiano, impulsada por la esperanza y la fe, se ha hecho evidente, transformando la tragedia en un llamado a la acción conjunta para superar este difícil momento.



















