Mientras un potente terremoto de magnitud 7.4 sacudía el occidente de Colombia, Lady Gallego, coordinadora del área de pediatría del Hospital Universitario del Valle en Cali, demostraba una calma admirable en medio del caos. Con más de un minuto de temblor, el ambiente se llenaba de miedo y ansiedad, pero ella sabía que debía actuar con determinación. Su prioridad eran los 105 pacientes pediátricos que allí se encontraban, incluidos 36 recién nacidos. «Mi deber era asegurarme de que todos estuvieran a salvo», dijo en una entrevista, reflejando el fuerte sentido de responsabilidad que caracteriza a los profesionales de la salud en situaciones críticas como ésta.
El terremoto, el más fuerte que ha azotado Colombia en la última década, ocurrió a las 7:34 a.m. justo durante el cambio de turno del personal médico. Gallego había estado coordinando el final de su jornada cuando comenzó a temblar. Inicialmente, pensó que el fenómeno natural sería breve. «Siempre trato de mantener la calma, pero esta vez el temblor se intensificó y el pánico comenzó a surgir», rememora. Así, las enfermeras y médicos evacuaron uno a uno a los pacientes, siguiendo la voz firme de su coordinadora quien no dejó ninguno atrás.
La evacuación de los pacientes fue una tarea monumental, particularmente en áreas críticas como las unidades de cuidados intensivos. Por un lado, la doctora Claudia Komaromi se encontraba en una situación extremadamente delicada mientras realizaba una neuroanestesia. «No podíamos dejar a la paciente que estaba sedada y vulnerable en el quirófano; la protegimos hasta el final», explica Komaromi, quien enfrentaba no solo el desastre natural sino también la presión de mantener con vida a su paciente. A medida que el sismo se intensificaba, cada segundo contaba y el recuerdo de una experiencia similar vivida en su infancia emergió para darle fortaleza.
Cuando finalmente lograron evacuar el quirófano, el panorama afuera fue devastador. Las paredes del hospital estaban agrietadas, y una de las torres había colapsado, lo que complicó aún más la situación. La jefa de comunicaciones, Lorena León, relató cómo en un instante todo cambió: el caos se desató y los equipos médicos comenzaron a movilizarse rápidamente para garantizar la seguridad de los pacientes. «Fue impresionante ver cómo todos se unieron para ayudar, cada uno en su puesto», destaca León, reconociendo que el espíritu de solidaridad fue crucial en esos momentos de crisis.
A pesar del terror y del estrés del día, Gallego y su equipo salieron completamente comprometidos, trabajando horas extras bajo condiciones extremas. El hospital mantuvo operaciones de emergencia en medio de los escombros, con un flujo constante de ayuda que llegaba desde diversas partes de la comunidad y del país. «La solidaridad fue abrumadora», dice Gallego, quien sin dudar volvió a recordar que, si se presentara una situación similar, haría exactamente lo mismo: salvar vidas es la razón de su vocación. La tragedia del terremoto dejó una huella profunda, pero también mostró la fortaleza de un personal médico capaz de enfrentar lo inimaginable.



















