Orlando Torres le debe su vida a una llamada telefónica perdida, una serendipia que le salvó de la tragedia inminente. Este venezolano fue uno de los 146 deportados que regresaron a su país en el vuelo 164, justo horas antes de que un devastador doble terremoto sacudiera Venezuela, dejando un saldo trágico de más de 2.000 muertes y miles de heridos y desaparecidos. Como parte de la operación Misión Vuelta a la Patria, los repatriados fueron llevados al Hotel Santuario La Llanada en La Guaira, estado duramente afectado por los sismos. Sin embargo, gracias a un atraso en un trámite administrativo relacionado con una llamada a su hermano, Torres logró evitar estar en el edificio colapsado donde la mayoría de sus compañeros de viaje quedaron atrapados bajo los escombros.
El vuelo 164 formaba parte de una serie de deportaciones ordenadas por el gobierno de Donald Trump, que ha devuelto a miles de venezolanos que huyeron de la crisis económica y la represión gubernamental. A través de imágenes y testimonios, se pudo observar las esperanzas y temores de los deportados que, tras meses de detención en Estados Unidos, regresaban a su país. A su llegada, la alegría desbordaba el ambiente, como lo describieron algunos pasajeros que aplaudían y expresaban su deseo de reunirse con sus familias. Sin embargo, esa alegría se tornó en desesperación una vez ocurrido el desastre natural.
Las horas siguientes al terremoto fueron de absoluta incertidumbre, tanto para los sobrevivientes como para sus familias. Torres, al darse cuenta del horror a su alrededor, fue uno de los pocos afortunados que lograron escapar prácticamente ilesos del colapso del hotel. A diferencia de él, muchos otros pasajeros, funcionarios y agentes del Sebin quedaron atrapados en la tragedia. Testimonios recogidos tras el desastre revelan que los sobrevivientes tuvieron que rescatarse entre sí, ya que la respuesta de las autoridades fue lenta e insuficiente. Algunos deportados que lograron salir ayudaron a liberar a quienes estaban atrapados, evidenciando un sentido de comunidad en medio del caos.
El relato de los sobrevivientes destaca la falta de asistencia inmediata por parte de las autoridades, quienes parecían estar más ocupadas en ayudar a sus propios compañeros que en socorrer a aquellos que habían llegado en el vuelo 164. Posteriormente, la escasa y tardía ayuda llegó por parte de un grupo de bomberos que se presentó horas más tarde, dejando a muchos familiares de víctimas en un estado de angustia y desesperación. Los seres queridos de los deportados se encontraban en la incertidumbre, recolectando información y tratando de localizar a sus familiares en hospitales y morgues, mientras que el acceso al hotel estaba restringido por el Sebin.
Desde el momento de la tragedia, los familiares comenzaron a utilizar las redes sociales en un intento por obtener información sobre sus seres queridos. Crearon un grupo donde compartían angustias y noticias, mientras un clamor de justicia se hacían eco en cada mensaje. Pasado el cataclismo, la historia de Orlando Torres refleja no solo la fragilidad de la vida y el destino, sino también la lucha de los venezolanos por sobrevivir en medio de una situación desesperada. Las imágenes de alegría y esperanza que recibieron en su regreso a casa se convirtieron en un recuerdo doloroso ante la crueldad del destino y la falta de respuestas de aquellas instituciones que debían proteger a sus ciudadanos.


















