Keiko Fujimori se ha proclamado finalmente ganadora en una reñida competencia electoral por la presidencia de Perú. Con el total de los votos escrutados, la candidata de derecha, e hija del fallecido Alberto Fujimori, aventajó a su contrincante, el izquierdista Roberto Sánchez, por una ajustada diferencia de 49,700 votos, equivalente al 0.27%. Este resultado asegura la investidura de Fujimori como la nueva presidenta del país el próximo 28 de julio, marcando su cuarto intento en la contienda presidencial. La decisión de los peruanos en el exterior parece haber sido clave para su victoria, dada la alta cantidad de votos que ella recibió en comparación con los que obtuvo Sánchez.
En una carrera electoral marcada por el caos y las disputas, el primer recuento de votos reveló una ventaja inicial para Sánchez, lo que desató una serie de retrasos y la impugnación de actas por ambas candidaturas. Sin embargo, a medida que se contabilizaban los votos de peruanos en el extranjero, Fujimori logró tomar la delantera y consolidar su posición. Los resultados evidencian que, si se consideraran únicamente los votos emitidos en Perú, la situación sería inversa, con Sánchez teniendo un leve liderazgo sobre Fujimori. Una peculiaridad de estas elecciones fue el alto impacto del voto exterior, que, por primera vez, resultó decisivo en el resultado final.
Los peruanos votaron en la segunda vuelta el pasado 7 de junio, contexto en el cual ninguno de los candidatos obtuvo el respaldo mayoritario necesario. Fujimori, representando a Fuerza Popular, llegó a la segunda vuelta con el 17.18% de los votos, mientras que Sánchez, de Juntos por el Perú, obtuvo solo el 12.03%. A lo largo de su campaña, Fujimori ha prometido un enfoque de mano dura contra la delincuencia, buscando revivir el legado de su padre, lo que resonó con un sector del electorado. Por su parte, Sánchez denuncia un ‘fraude en desarrollo’ y ha presentado recursos legales para impugnar el voto exterior, desafiando la legitimidad del proceso electoral.
El impacto del voto exterior ha sido analizado por expertos como Alonso Cárdenas, quien señala que se trata de un voto que, siendo minoritario, ha mostrado tendencias marcadamente diferentes a las del electorado nacional. A pesar de que el total de votos emitidos desde el extranjero fue de aproximadamente 308,000, muy por debajo de los más de 18 millones emitidos en Perú, su decisiva inclinación hacia Fujimori fue un factor crucial. Cárdenas explica que los votantes peruanos en el exterior tienden a rechazar a candidatos que perciben como comunistas, lo que ha repercutido directamente en la polarización política entre ellos.
Finalmente, aunque Sánchez intenta invalidar el voto exterior para revertir su derrota, los analistas sugieren que la raíz de su fracaso se encuentra en su incapacidad para captar el apoyo de los electores en el Perú rural, donde el ex presidente Pedro Castillo había logrado una contundente victoria en las elecciones anteriores. La mayor parte del electorado rural no se sintió motivada a votar por Sánchez, lo que facilitó que los votos de la diáspora fueran determinantes a favor de Fujimori. Este fenómeno resalta las complejidades del actual panorama político en Perú, donde la polarización y la emigración juegan un papel cada vez más significativo en los procesos democráticos.



















