Desde hace dos años, Antonela trabaja de lunes a sábado en un instituto privado de bioquímica en Buenos Aires. Su función principal es la actualización de agendas, organización de archivos y gestión de autorizaciones médicas. Sin embargo, a pesar de tener un empleo formal y un salario que está por encima del mínimo, se encuentra en una situación difícil. «Me cuesta asumir que antes podía llevar una vida que ahora no puedo. No consigo mantenerme con un solo empleo», comenta con nostalgia. Esta argentina de 37 años se ve obligada a completar sus ingresos con otro trabajo en una farmacéutica, a pesar de que no recibe remuneración fija. «Siento que estoy en modo supervivencia», confiesa, reflejando la realidad de muchos trabajadores en el país que se sienten atrapados en un ciclo de pobreza a pesar de sus esfuerzos laborales.
La situación del empleo formal en Argentina ha tenido un deterioro alarmante en el último año, con ocho meses consecutivos de caídas hasta diciembre, según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA. A pesar de que se han reportado reducciones en los índices de pobreza, el fenómeno de los «trabajadores pobres» ha comenzado a tomar fuerza, es decir aquellos que, aunque tienen un empleo, no logran salir de su situación de pobreza. Esta realidad es alarmante: una de cada cinco personas ocupadas en Argentina vive en condiciones de pobreza, revelando que tener un empleo ya no asegura la estabilidad financiera que debería garantizar.
El trabajo realizado por Roxana Maurizio, directora del área de Empleo de la UBA, resalta que para una parte significativa de la población laboral, tener un salario mínimo es insuficiente para cubrir las necesidades básicas. La creciente informalidad laboral también ha agravado esta situación, donde los trabajadores que no están registrados legalmente enfrentan mayores niveles de pobreza en comparación con aquellos que tienen empleos formales. Un estudio reciente indica que el 33% de los asalariados informales están en situación de pobreza, un dato que evidencia la precarización del trabajo en Argentina. Las condiciones laborales no solo afectan el presente de estos trabajadores, sino que también esconden un futuro incierto para la movilidad económica.
En medio de esta compleja situación, el gobierno de Javier Milei ha celebrado la caída de la pobreza al 28%, el nivel más bajo en siete años, según cifras oficiales. Sin embargo, analistas han cuestionado la validez de estos datos, sugiriendo que pueden estar inflados debido a métodos de cálculo que no reflejan la realidad del mercado laboral. La forma en que se mide la pobreza en Argentina –comparando ingresos con el costo de una canasta básica de consumo– podría resultar engañosa, particularmente durante periodos de alta inflación y su posterior desinflación. Este tipo de análisis es crucial para entender por qué, a pesar de los anuncios gubernamentales, la experiencia cotidiana de personas como Antonela sugiere que muchos aún son atrapados por la pobreza.”},{

















