El diplomático iraní Gholamhossein Darzi, en su reciente comparecencia ante el Consejo de Seguridad de la ONU, denunció la implicación directa de Estados Unidos en la «promoción de disturbios violentos» en Irán, un argumento que fue respaldado por amenazas del presidente Donald Trump de utilizar la fuerza militar en caso de que el régimen iraní continuara su represión violenta de las protestas civiles. Darzi subrayó que cualquier agresión, ya sea directa o indirecta, sería respondida de manera «decisiva y proporcional» conforme al derecho internacional, insistiendo en que Irán no busca una escalada de tensiones pero está firme en su defensa de la soberanía nacional.
Las protestas en Irán, que comenzaron el 28 de diciembre, han resultado en la muerte de aproximadamente 3.428 personas, según informes de organizaciones de derechos humanos como IHRNGO. Estas manifestaciones, que inicialmente surgieron de manera pacífica, han sido catalogadas por Darzi como un fenómeno «secuestrado» por grupos armados organizados que han instigado la violencia, desvirtuando los reclamos legítimos de la población. El representante iraní responsabilizó directamente al Estado Islámico por las muertes de los manifestantes, desviando la atención de las críticas hacia el régimen de los ayatolás.
Las declaraciones de Darzi se produjeron en el marco de una sesión solicitada por la delegación estadounidense, donde el diplomático acusó a Washington de tratar de ocultar su «complicidad» en las protestas, en lo que describió como un intento de Israel de arrastrar a EE. UU. hacia una nueva guerra de agresión contra Irán. Este contexto de confrontación verbal se intensificó con las afirmaciones de Mike Waltz, representante estadounidense, quien clamó que todas las opciones estaban sobre la mesa para «detener la masacre» durante las manifestaciones.
Las tensiones entre EE. UU. y Irán no sólo han captado la atención de las potencias occidentales, sino también de países como Rusia y China, que han manifestado su apoyo a la soberanía e integridad territorial de Irán. En este sentido, la delegación rusa calificó la sesión del Consejo de Seguridad como un nuevo intento de EE. UU. por justificar una «agresión descarada» y una injerencia en los asuntos internos de otro estado soberano. Este ambiente de defensa mutua y tensión internacional ha resaltado el complejo equilibrio de poder en la región.
Dentro de este escenario, algunos países, como Francia, han hecho hincapié en que es el propio pueblo iraní quien debe decidir su destino, instando a una responsabilidad colectiva de la comunidad internacional para denunciar la violencia y represión que ha marcado estas manifestaciones. La situación sigue siendo un punto álgido de discusión y preocupación en la arena internacional, donde se debate no sólo la respuesta de Irán, sino las implicaciones que estas crisis internas tienen para la estabilidad regional y global.


















