Al menos 23 personas resultaron heridas en la capital de Ucrania, Kiev, durante uno de los ataques aéreos más devastadores por parte de Rusia, que se llevó a cabo en las primeras horas del viernes 4 de julio. La Fuerza Aérea de Ucrania reportó que más de 500 drones, junto con 11 misiles, fueron lanzados en una ofensiva que se extendió desde la tarde del jueves hasta el amanecer del día siguiente. Este ataque se considera el más significativo desde el inicio de la invasión rusa hace más de tres años, con seis de los diez distritos de la ciudad siendo atacados, dejando a numerosas edificaciones dañadas, incluyendo la Embajada de Polonia.
Las alarmas antiaéreas resonaron en Kiev, advertiendo a los ciudadanos sobre el peligro inminente mientras el estruendo de los drones kamikaze y las explosiones llenaban el aire. Testigos describieron un caos palpable, con residentes confundidos y aterrados buscando refugio. Maria Hilchenko, una residente de la capital, compartió su experiencia, diciendo: «Me desperté con el sonido de las explosiones. Primero los drones comenzaron a zumbar y luego vinieron las explosiones, mientras la gente gritaba afuera». Este relato ilustra el miedo y la incertidumbre que se apoderó de muchos en una noche de terror.
El impacto del ataque no solo se sintió en el centro de Kiev, sino también a lo largo del río Dniéper, que divide la ciudad. El alcalde Vitali Klitschko informó que la caída de restos de drones causó incendios en un centro médico en el distrito de Holosiivskyi. Además, la red de transporte ferroviario del país, Ukrzaliznytsia, se vio obligada a desviar varios trenes de pasajeros, lo que resultó en significativos retrasos y complicaciones para los ciudadanos que intentaban desplazarse.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, destacó el aumento de la intensidad de los ataques aéreos rusos en las últimas semanas, señalando que el asalto de esta madrugada siguió a una conversación entre Vladimir Putin y el presidente estadounidense, Donald Trump. Este ataque se produce en un contexto en el que las tropas rusas han intensificado sus actividades en la línea del frente, donde los combatientes ucranianos están bajo una fuerte presión. Zelenski enfatizó la falta de voluntad de Rusia para alcanzar un alto el fuego, instando a la comunidad internacional a incrementar la presión sobre el Kremlin.
En medio de esta escalada de violencia, Zelenski tiene programada una conversación telefónica con Trump el mismo día del ataque, justo después de que el Pentágono anunciara una pausa en el envío de armamento clave a Ucrania, una decisión que genera preocupación entre los líderes ucranianos. A pesar de la retórica de Putin sobre estar abierto a conversaciones para una tregua, queda claro que la estrategia del Kremlin permanece fija en la expansión de su influencia en Ucrania, evidenciando una vez más la inestabilidad y el peligro continuos que enfrenta la nación.



















