La tragedia que ha sacudido a la comunidad de Cachipay, Cundinamarca, se centró en la muerte de Allison Yuliana Hernández Pinto, una niña de solo 8 años que aspiraba a ser doctora. La menor falleció tras recibir un disparo durante un operativo policial que desató el caos en medio de una manifestación pacífica. Su madre, Juliana Pinto, exige justicia y cuestiona la decisión de las autoridades de intervenir en un área residencial en lugar de abordar la situación en el lugar donde se originaron los disturbios, donde, según ella, la intervención policial era realmente necesaria.
El evento que llevó a la muerte de la pequeña comenzó la noche del 4 de abril, cuando los vecinos organizaron un bloqueo en la vía para protestar por la falta de atención a sus necesidades básicas. En la manifestación, que congregó a familias de la comunidad, se presentaron enfrentamientos con la policía. Según el relato de Juliana Pinto, la situación se tornó violenta rápidamente, y aunque algunos ciudadanos estaban armados con machetes, ella defiende que la mayoría de los manifestantes solo exigían una mejora en sus condiciones de vida, no promovían ningún tipo de agresión.
El impacto del disparo que acabó con la vida de Allison sorprendió a la comunidad y provocó una ola de indignación. Testigos afirman que el ambiente se tornó caótico cuando la policía decidió responder a los disturbios con fuerza. Juliana, en su relato desgarrador ante los medios, narró cómo su hija había buscado refugio en su auto al despertar frente a la situación agitada, y describió el momento fatídico en que recibió el disparo, dejando claro que la actuación de las autoridades fue inapropiada y riesgosa en un área con tantas familias.
Las palabras del gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey Ángel, resuenan en medio del dolor de la familia. El mandatario hizo un llamado a realizar una investigación exhaustiva sobre los hechos y a esclarecer las responsabilidades en este trágico suceso. Mientras la comunidad demanda justicia, la atención también se dirige hacia la reacción desmedida de algunos ciudadanos al ingresar al hospital durante las primeras horas del duelo de la familia, un reflejo del profundo descontento y la frustración acumulada debido a años de abandono.
La comunidad de Cachipay vive en un estado de agitación tras la muerte de la pequeña Allison. A medida que avanza la investigación, muchos coinciden en que la intervención de la policía debió ser más cuidadosa y centrada en la contención, en lugar de intensificar la violencia. La lucha por mejorar las condiciones de vida y obtener justicia por la muerte de una niña inocente se han convertido en la voz de un pueblo que clama por ser escuchado y protegido, mientras sus derechos son vulnerados en su búsqueda de dignidad y seguridad.


















