A pocas horas de que expirara la tregua arancelaria, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió extenderla por 90 días tras los avances en las negociaciones con China. Esta inesperada determinación fue reportada por diversos medios de comunicación estadounidenses, resaltando la tensión permanente en la relación comercial entre ambas naciones. Desde su primer mandato, Trump ha mantenido la competencia con China como un pilar de su agenda, un enfoque que su sucesor, Joe Biden, ha continuado, intensificando la presión sobre Pekín con la imposición de aranceles.
Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China se han intensificado en los últimos años, con aranceles que han alcanzado niveles récord. Al inicio del año, Trump implementó un arancel del 10% sobre productos relacionados con el tráfico de fentanilo y, en abril, amplió estos gravámenes al 20% bajo la etiqueta de aranceles ‘recíprocos’. Sin embargo, la respuesta de China fue contundente, llevando a ambas potencias a un conflicto comercial que culminó en un acuerdo en mayo que renegoció los aranceles a un rango del 10% para Estados Unidos y del 30% para China.
La reciente extensión de la tregua arancelaria fue confirmado por fuentes anónimas de la Casa Blanca y coincide con una serie de negociaciones entre representantes de ambos países, realizadas en Londres y Estocolmo, en un esfuerzo por evitar una escalada mayor. Trump, en declaraciones previas a la firma del decreto, expresó optimismo respecto a su relación con el presidente chino Xi Jinping, anticipando resultados positivos de las conversaciones en curso.
China ha mostrado una actitud colaborativa, manifestando su deseo de trabajar junto a Estados Unidos para respetar los acuerdos alcanzados y avanzar en un contexto de igualdad y respeto mutuo. Lin Jian, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, aseveró que ambos países deben esforzarse por llegar a resultados positivos que beneficien a ambas partes, indicando una disposición china a continuar el diálogo en este frente.
En medio de estas dinámicas, Trump ha continuado su línea arancelaria con la amenaza de imponer nuevos impuestos a productos estratégicos, como semiconductores y farmacéuticos. La presión sobre el comercio también ha incidido en los mercados, donde la reciente clasificación de lingotes de oro con aranceles provocó una ebullición en los precios. No obstante, Trump salió al paso de estas especulaciones, asegurando a través de su plataforma Truth Social que «¡el oro no será sujeto a aranceles!», buscando estabilizar la situación económica ante la incertidumbre que genera su política comercial.


















