Abelardo de la Espriella, el flamante ganador de las elecciones presidenciales de Colombia, ha captado la atención no solo por su victoria, sino por su imagen de dandi y sibarita, que lo posiciona como un auténtico outsider en la política del país.Con un acento caribeño marcado, se ha presentado como un hombre apasionado por la buena mesa y los lujos: pasa largas temporadas en ciudades como Florencia y Miami, donde se dedica a la venta de vinos de la Toscana y corbatas de seda italianas.


