Cuando Jorge Bastidas recibió la llamada de su amigo, la preocupación se mezcló con la incredulidad.A pesar de que la voz que le hablaba del otro lado del teléfono sonaba asustada, el joven desarrollador de 32 años, quien reside en Argentina pero estaba de viaje laboral en Bogotá, dudó que la situación en Venezuela fuera tan grave.


