La transición a la edad adulta en la Edad Media, a menudo interpretada como un proceso lineal basado en el tiempo, se presenta en realidad como un fenómeno mucho más complejo, íntimamente ligado al desarrollo físico y biológico del individuo.Desde la ausencia de registros de nacimiento hasta la falta de un calendario estandarizado, las comunidades medievales enfrentaban el marcaje de etapas vitales a partir de signos corpóreos.


