Caracas y otras ciudades del occidente de Venezuela experimentaron un fuerte sismo de magnitud 6.2 este miércoles, justo cuando el país se preparaba para un día normal. El epicentro del movimiento telúrico se localizó a escasa profundidad –7,8 kilómetros–, cerca de Mene Grande, una localidad petrolera en el estado de Zulia, conocido por ser poco poblado. A pesar de la fortaleza del temblor, no se han reportado daños significativos ni víctimas, lo que ha generado alivio entre la población y las autoridades.
De acuerdo con el Servicio Geológico de EE.UU., el temblor fue lo suficientemente intenso como para sentirse en varias regiones del país, incluyendo Zulia, Falcón, Lara, y la capital, Caracas. La Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) midió la magnitud del evento telúrico en 5.4, presentando un ligero desacuerdo con la medición estadounidense. Pese a las diferentes cifras, la respuesta de las autoridades ha sido similar, enfatizando que no quedó afectada la infraestructura principal del país.
Sin embargo, algunos edificios, como la Iglesia Santa Bárbara en Maracaibo, reportaron daños visibles. El ministro del Interior, Diosdado Cabello, señaló que la solidez de las construcciones en Venezuela ha contribuido a evitar desastres mayores. Al respecto, expresó: «Fue de 5,4, sin daños estructurales mayores, reflejando la calidad de nuestras edificaciones». Este tipo de afirmaciones busca tranquilizar a la población, que, después del temblor, mostró señales de alarma y ansiedad.
El sismo no solo sacudió a Venezuela, también se sintió en diferentes regiones de Colombia, donde ciudadanos en ciudades como Bucaramanga y Medellín reportaron haberlo experimentado. El Servicio Geológico Colombiano registró la magnitud del sismo en 6.1 y lo catalogó como un «evento sísmico internacional», debido a su amplio alcance, que incluyó hasta islas caribeñas como Aruba y Curazao. Este fenómeno reitera la interconexión de los eventos sísmicos en la región, generando preocupación por la vulnerabilidad a futuros desastres.
La historia sísmica de Venezuela es inquietante, con eventos devastadores en su pasado que han dejado huellas profundas en la memoria colectiva. Los terremotos de 1997 y 1967, que resultaron en la pérdida de cientos de vidas, siguen presentes en la mente de muchos. En la actualidad, se estima que aproximadamente el 80% de la población vive en zonas de alta amenaza sísmica. Este último sismo refuerza la necesidad imperiosa de una mejor preparación ante desastres naturales, tanto en infraestructura como en la conciencia pública sobre los riesgos sísmicos.

















