La relación entre México y Cuba, que ha resistido el paso del tiempo y los vaivenes políticos, enfrenta un nuevo desafío en 2024. Desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, las conexiones entre ambos países han mantenido su relevancia, incluso en momentos de tensión global. Sin embargo, la reciente política de Estados Unidos, que busca aislar a La Habana a través de la imposición de sanciones al suministro de petróleo, ha puesto a México en una encrucijada diplomática. La presidenta Claudia Sheinbaum ha manifestado su oposición a estas sanciones, que califica de «muy injustas», al tiempo que intenta equilibrar la cooperación con Cuba y la relación con Washington, en un contexto donde la presión de la administración Trump se intensifica.
El contexto actual también revela las implicaciones geoestratégicas que la cercanía entre México y Cuba puede acarrear. A lo largo de la historia, y a pesar de la presión estadounidense, México ha sido un bastión de apoyo a Cuba, manteniendo relaciones diplomáticas desde la Revolución. En este sentido, el legado de la Doctrina Estrada ha permitido a México sostener una política exterior basada en la no intervención y el respeto a la soberanía de los estados. La actual crítica de Sheinbaum hacia las sanciones impulsadas por Trump ilustra un intento de mantener un diálogo constructivo y, al mismo tiempo, reafirmar el papel de México como mediador regional.
Históricamente, la relación entre México y Cuba ha sido compleja, abarcando aspectos políticos, culturales y económicos. A lo largo del siglo XX, ambos países experimentaron fluctuaciones en su vinculación, desde las estrechas relaciones durante las décadas del PRI, hasta períodos de enfriamiento con la llegada de gobiernos de derecha como los de Vicente Fox y Felipe Calderón. El regreso del PRI al poder con Enrique Peña Nieto marcó un restablecimiento de vínculos que, aunque basados en una pragmática cooperación, aún estaban teñidos de los intereses geopolíticos de la época. Así, la política exterior de México hacia Cuba se ha modificado conforme a los cambios en la dirección política, siempre con un contexto de fondo que condiciona su desarrollo.
El papel de México en la historia de Cuba también ha reflejado un intercambio cultural significativo, ya que ambos países han compartido lazos estrechos a través de la música, la literatura y el cine. La influencia que Cuba ha ejercido sobre movimientos culturales, así como la admiración mutua entre los pueblos, ha contribuido a fortalecer esta relación a pesar de los desencuentros políticos. Además, en el ámbito de la cooperación humanitaria, muy relevante en los momentos actuales, Sheinbaum ha reafirmado su compromiso de enviar ayuda humanitaria, reflejando la imperiosa necesidad de sostener ese lazo solidario, mientras busca no poner en riesgo la relación con Estados Unidos.
En este contexto, los desafíos que enfrenta el gobierno de Sheinbaum en su política exterior hacia Cuba son considerables. La estrategia actual hacia la isla no solo implica lidiar con las sanciones estadounidenses, sino también manejar la histórica relación en un marco de respeto a los derechos humanos y la democracia, que son principios fundamentales de la política exterior mexicana. Mientras que la historia reciente ha demostrado ser un campo de tensión y colaboración, el futuro de las relaciones entre México y Cuba dependerá de la habilidad diplomática para adaptarse a la realidad política internacional, al mismo tiempo que se preservan los lazos socioculturales que han unido a ambas naciones.


















