En los campos del Cauca, en el sur de Colombia, la producción de hoja de coca está experimentando un aumento notable en su productividad y resistencia. Leonardo Correa, coordinador regional de la oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC), lleva años monitoreando este fenómeno. Según Correa, junto a su equipo de expertos, han observado que ciertos indicadores de rendimiento han duplicado sus cifras en los últimos años. «Estas mejoras no se deben únicamente a la destreza de los campesinos, sino que hay un nivel de conocimiento agronómico más avanzado involucrado», afirma en conversación con BBC Mundo. Esta preocupación por el crecimiento en la producción de cocaína es aún más crítica dado que, según un informe de la UNODC, en 2023 la producción de cocaína en Colombia alcanzó un récord de 2,600 toneladas, lo que representa un incremento del 53% en comparación con el año anterior.
La evolución del narcotráfico en Colombia ha cambiado de un modelo de negocio basado en altos márgenes a uno que requiere grandes volúmenes de producción. Daniel Rico, economista de la Universidad Nacional de Colombia, explica que, a medida que el mercado se inunda de cocaína, los narcotraficantes deben producir cantidades mucho mayores para obtener ganancias significativas. «Antes, se podía ganar lo mismo con una tonelada que ahora se necesita con tres», señala Rico. Esta dinámica ha provocado que, a pesar de las cifras récord de producción y la cantidad de cocaína incautada por las autoridades, los narcotraficantes enfrentan un entorno comercial difícil donde los precios caen debido al exceso de oferta.
En regiones específicas como Catatumbo, Putumayo y el Cauca, se han identificado nuevas cepas de planta de coca que presentan mayor resistencia y productividad. Los agricultores han adoptado técnicas agrícolas modernizadas, incluyendo el uso de drones para la fertilización y mejores sistemas de riego. Francisco Daza, coordinador de la Fundación Paz y Reconciliación, menciona que en estas áreas los campesinos han logrado implementar sistemas que permiten hasta seis cosechas al año, cuando anteriormente solo eran dos o tres. Esta intensificación de la producción se ha relacionado no solo con los avances tecnológicos, sino también con una mayor estabilidad política que les permite cultivar sin el temor a la erradicación de cultivos por parte del gobierno.
Los vínculos entre carteles de droga de diferentes países han llevado a una ‘carrera narco-científica’ donde se destaca la llegada de expertos, incluidos ingenieros agrónomos, a Colombia para aumentar la rentabilidad del cultivo de coca. Daza también observa que estos grupos están formando a sus integrantes en técnicas avanzadas para la producción de hoja de coca, lo que refleja una tendencia preocupante hacia la profesionalización del narcotráfico. La presencia de carteles mexicanos en Colombia, reclutando jóvenes con conocimientos en química para mejorar la extracción de alcaloides, es un claro ejemplo de cómo la criminalidad está adoptando prácticas cada vez más sofisticadas.
En respuesta a este fenómeno, las autoridades colombianas están intensificando sus esfuerzos para contrarrestar el narcotráfico, incluyendo la implementación de nuevas estrategias de incautación. Sin embargo, expertos advierten que las cifras récord de incautaciones podrían ser engañosas, ya que pueden reflejar una sobreproducción masiva en lugar de un impacto efectivo en la reducción de la oferta. Como señala César Álvarez, investigador de la Universidad Charles Sturt, detener el tráfico de cocaína es como sacar agua de una casa inundada sin cerrar la llave que la llena. La lucha contra el narcotráfico se ha vuelto más compleja en un entorno donde los carteles emplean tecnología de punta para facilitar sus operaciones y evadir las autoridades, creando así un ciclo de producción y venta que continúa creciendo.

















