La reciente dimisión de la ministra cubana del Trabajo, Marta Elena Feitó Cabrera, ha suscitado un fuerte revuelo en el ámbito político y social de la isla. La funcionaria había afirmado ante el Parlamento que «en Cuba no hay mendigos», una declaración que rápidamente fue desmentida por evidencias visibles en las calles, donde la pobreza y la mendicidad son problemáticas crecientes. Su salida del cargo ocurrió menos de 48 horas después de tan polémicas observaciones, que generaron no solo el descontento entre la población, sino también la desaprobación del propio presidente Miguel Díaz-Canel, quien calificó sus comentarios como «desconectados de las realidades que vivimos». La renuncia de Feitó es un claro indicio del desgaste que sufren los funcionarios que niegan la crisis social en la que se encuentra sumida la nación caribeña.
Feitó, quien además asumió su cargo en el Ministerio del Trabajo en 2019, intentó justificar la situación de mendicidad en Cuba alegando que muchas de estas personas «se hacen pasar por mendigos» para procurarse ingresos de forma fácil. Su intento por minimizar el problema fue rápidamente criticado, generando una ola de indignación en redes sociales donde tanto intelectuales como economistas expresaron su descontento. Comentarios mordaces de figuras reconocidas incluyeron referencias a la desconexión de la realidad que vive la mayoría de la población, que diariamente enfrenta penurias económicas inimaginables para los que se encuentran en posiciones de poder.
El presidente Díaz-Canel, en un inusual acto de separación pública, censuró las palabras de la exministra, enfatizando que «la Revolución no tiene que sentir vergüenza de los problemas» y que es esencial reconocer los desafíos para poder enfrentarlos adecuadamente. Añadió que ocultar la pobreza y las dificultades que enfrenta el pueblo cubano no es un signo de apoyar al régimen, sino todo lo contrario. Este mensaje se expresó en un contexto donde la economía de la isla ha sufrido un severo deterioro con una contracción del Producto Interno Bruto y un aumento en la inflación y el desempleo, aspectos que ya no se pueden ocultar.
La situación económica en Cuba ha empeorado drásticamente, con imágenes de personas buscando alimentos en la basura que circulan en medios y redes sociales, lo que contrasta con la narrativa optimista que tradicionalmente ha promovido el gobierno. Con un 38% de las personas en situación de vulnerabilidad siendo menores de 60 años, la realidad superó cualquier argumento que intentase desestimar la presencia de la mendicidad en las calles. La exministra Feitó, a pesar de tener formación en economía, dejó entrever una falta de sensibilidad hacia las necesidades reales de los ciudadanos, lo cual se tradujo en una reacción adversa que culminó en su renuncia.
La renuncia de Marta Elena Feitó Cabrera marca un precedente en la política cubana, donde los altos funcionarios suelen evadir el reconocimiento de problemas socioeconómicos. La presión de las críticas se intensificó no solo entre la población en general, sino también dentro de las mismas filas del gobierno, donde voces como las de la subdirectora de la Dirección General de Estados Unidos, Johana Tablada, clamaron por su destitución, evidenciando una disidencia que puede ser vista como un síntoma de la mayor apertura al debate interno. A medida que la situación económica se deteriora, las palabras de otros críticos como el dramaturgo Iran Capote ilustran la desesperación de los ciudadanos, poniendo de manifiesto que, en muchos casos, los que hoy deambulan por las calles fueron alguna vez fervientes creyentes del proyecto revolucionario.

















