Una noche de terror marcó a la comunidad de Kenscoff, en las afueras de Puerto Príncipe, cuando un grupo de familias desplazadas vivió un ataque devastador por parte de una banda armada. El domingo pasado, la localidad fue escenario de una incursión violenta que dejó un saldo trágico de al menos 47 muertos y 22 heridos, según informes de la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití. La magnitud de la tragedia ha conmovido a la nación, cuyas últimas actualizaciones indican que las cifras de víctimas podrían seguir en aumento.
El alcalde de Kenscoff, Massillon Jean, relató cómo los bandidos irrumpieron en un campamento de desplazados instalado dentro de una iglesia, un lugar que debería ser un refugio seguro. Los hombres armados ejecutaron a varias personas y provocaron un ambiente de pánico entre los habitantes del lugar. Además, se reportó que algunas personas fueron secuestradas por los atacantes, lo que ha sumado más angustia a una comunidad ya golpeada por la pobreza y la violencia.
Testigos del ataque afirmaron que la acción criminal se extendió rápidamente y que la policía local intentó contener la situación, lo que derivó en enfrentamientos entre los uniformados y los bandidos. La respuesta del gobierno haitiano fue inmediata, condenando enérgicamente los hechos y prometiendo reforzar la seguridad en la zona. “Kenscoff no será abandonado”, aseguraron desde la oficina del primer ministro en sus redes sociales, en un intento por calmar a la población tras la conmoción.
La situación en Haití es crítica, marcada por una prolongada crisis política, económica y de seguridad. En los últimos años, las bandas criminales han aumentado su control en diversas regiones, desplazando a alrededor de 1,5 millones de personas, según la Organización Internacional para las Migraciones. A pesar de la presencia de una fuerza internacional de seguridad aprobada por las Naciones Unidas, la inseguridad persiste, lo que ha llevado a muchos ciudadanos a perder la esperanza ante un futuro incierto.
En medio de esta realidad escalofriante, los haitianos se preparan para las elecciones programadas para el 13 de diciembre de 2026, un evento que muchos ven como una oportunidad para recuperar la estabilidad en el país. No obstante, el miedo y la violencia que se viven día a día podrían influir en la participación electoral. Los familiares de las víctimas del ataque en Kenscoff, que lloran a sus seres queridos, son un recordatorio vívido del desafío que enfrenta la nación en su búsqueda de un camino hacia la paz.



















