El 9 de agosto de 1994 se marcó un hito en la historia política de Colombia cuando Manuel Cepeda Vargas, senador del partido Unión Patriótica, fue asesinado a balazos dentro de un vehículo en el suroeste de Bogotá. Este acto brutal, atribuido a paramilitares en alianza con agentes del estado, no solo segó la vida de un político prometedor, sino que también dejó una marca indeleble en su hijo, Iván Cepeda. A sus 31 años, Iván llegó al lugar del crimen poco después y pronunció un desgarrador llamado a la acción, pidiendo al país y al presidente de la época, Ernesto Samper, que se tomarán en serio la violencia política que acechaba a la izquierda colombiana. Esta experiencia inicial cimentó en él un firme compromiso con la justicia y los derechos humanos que ha guiado su trayectoria política desde entonces.
A medida que los años pasaron, muchos en Colombia no veían a Iván Cepeda como un probable candidato presidencial. Sin embargo, el contexto cambió drásticamente después de un evento judicial en agosto de 2025, cuando el expresidente Álvaro Uribe Vélez fue condenado a 12 años de cárcel por soborno y fraude procesal, un juicio en el que Cepeda había sido tanto víctima como testigo. La condena alteró el panorama político, generando un sólido apoyo hacia Cepeda y encendiendo la conversación sobre su posible candidatura. De pronto, las redes sociales clamaban en favor de un camino presidencial que antes parecía inimaginable para él, subrayando un cambio en la percepción pública hacia un político que ha dedicado su vida a la lucha por la paz y los derechos de las víctimas.
La vida de Iván Cepeda ha estado marcada por la tragedia y la adversidad desde sus inicios. Nacido en un entorno familiar apasionado por la contienda política, su madre, Yira Castro, fue periodista y militante del Partido Comunista, y su padre, Manuel, se convirtió en un blanco de la violencia política. Cepeda tuvo que vivir en el exilio varias veces debido a las amenazas que enfrentaba su familia y su propio compromiso ideológico. A lo largo de su vida, ha enfrentado la sombra de la muerte, una realidad que se intensificó a medida que buscaba justicia para su padre y otros líderes de izquierda asesinados. Su trayectoria ha estado signada por un objetivo: la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de verdad y justicia en un país marcado por décadas de conflicto.
Desde su elección como representante a la Cámara en 2010 y senador en 2014, Iván Cepeda se ha consolidado como una voz clave en los diálogos de paz entre el gobierno y las guerrillas, incluyendo a las FARC. Su trabajo ha sido reconocido por muchos como un esfuerzo genuino por la reconciliación y reparación de las víctimas del conflicto armado colombiano. Sin embargo, su cercanía a las negociaciones con grupos armados ha generado críticas y acusaciones por parte de sus opositores, quienes lo tildan de ser «el candidato de las Farc». A pesar de estas acusaciones sin evidencia concluyente, Cepeda sigue adelante con su agenda y ha encontrado apoyo entre los sectores más progresistas de la política colombiana, donde había una necesidad de un liderazgo que continuara la lucha por el cambio.
En este contexto electoral, Cepeda se presenta como una figura capaz de capitalizar la herencia del presidente Gustavo Petro, enfrentándose a su oponente de derecha, Abelardo de la Espriella, en un balotaje que promete ser decisivo. Con un mensaje claro enfocado en continuar las reformas sociales y el camino hacia la paz, busca expandir el electorado utilizando la figura de Aida Quilcué, una líder indígena y activista, como compañera de fórmula. Este enfoque busca resonar con las comunidades marginadas, reforzando el compromiso de su campaña con la inclusión y la representación de las diversas voces que constituyen el país. Aunque enfrenta desafíos significativos, Cepeda se esfuerza por dejar atrás la imagen del político tradicional y presentarse como un líder comprometido con el progreso y la justicia social en Colombia.


















