El grupo español Iberostar y el canadiense Blue Diamond, dos de las cadenas hoteleras más relevantes en Cuba, han decidido cesar total o parcialmente sus operaciones en la isla, en un contexto marcado por el colapso energético y la creciente presión de Estados Unidos. Iberostar, que ocupa la segunda posición entre los grupos hoteleros en el país, afectará a 12 de sus 16 hoteles en Cuba, específicamente aquellos pertenecientes a Gaviota, la filial de Gaesa, el conglomerado empresarial vinculado a las Fuerzas Armadas cubanas. Aunque la compañía mantiene su presencia en cuatro hoteles de otros grupos, la reducción de operaciones se considera un indicativo de la crisis que enfrenta el sector turístico cubano.
Por su parte, Blue Diamond, la tercera mayor cadena hotelera en Cuba, informó que cesa inmediatamente todas sus operaciones en la isla. La cadena, que operaba una variedad de hoteles bajo marcas populares como Royalton y Memories, especialmente en destinos turísticos clave como La Habana y Varadero, ha decidido dar este drástico paso. Will Grant, corresponsal de la BBC en Cuba, describe este acontecimiento como «otro golpe para la tambaleante industria turística cubana», reflejando cómo la presión externa ha impactado severamente en la economía local.
La decisión de ambas hoteleras ocurre en medio de un ambiente de máximas tensiones, impulsadas por la Administración Trump, que ha impuesto un embargo petrolero sobre Cuba y ha amenazado con sancionar a cualquier entidad que mantenga vínculos económicos con el conglomerado Gaesa. Aunque Iberostar y Blue Diamond no han destacado formalmente esta presión como motivo para su salida, el comunicado de Iberostar menciona que buscan «adaptarse al entorno regulatorio internacional» y mantener sus estándares de calidad, evidenciando así la influencia de estas políticas en sus decisiones.
La crisis energética en Cuba ha sido uno de los factores clave que ha llevado a estas hoteleras a reevaluar su presencia en la isla. El Ministro de Energía cubano, Vicente de la O Levy, reconoció que la isla enfrenta serias dificultades debido a la falta de combustible, afectando gravemente los servicios básicos como hospitales y escuelas. Las largas horas de cortes eléctricos han suscitado protestas en la población y una crisis social visible, lo que ha llevado al gobierno a considerar ofertas de ayuda de Estados Unidos para aliviar la situación.
El impacto de la salida de estas hoteleras se suma a la retirada de otros importantes socios económicos de Cuba, como la empresa minera canadiense Sherritt, que ha suspendido su joint venture en el sector de la extracción de níquel. Esta serie de desinversiones no solo afecta el turismo, crucial para la economía cubana, sino que también resalta la complejidad de la situación financiera del país, que enfrenta un escenario donde la corrupción y la falta de transparencia del conglomerado Gaesa añaden capas de dificultad a una crisis que parece no tener fin.


















