La fotógrafa mexicana Sandra Hernández encuentra su mayor inspiración en el libro póstumo de Georges Perec, «Lo infraordinario», que refleja un minucioso inventario de la vida cotidiana. Hernández se ha propuesto capturar en su obra aquellos momentos que dejan huella en la memoria colectiva, pero que a menudo pasan desapercibidos en la vorágine del día a día. ‘Los registros fotográficos suelen centrarse en eventos extraordinarios, como el blanco y negro de la humanidad’, comenta en una entrevista. ‘Yo prefiero explorar el gris, ese espacio compartido por muchos, donde las historias son universales y conectan con los sentimientos de todos’. Su último proyecto, «Sobreviviendo a lo imposible», es un claro ejemplo de este enfoque, adentrándose en los retos diarios de los cubanos en medio del colapso económico en la isla.
A través de su lente, Hernández documenta la realidad crítica que viven los cubanos, especialmente las mujeres que se encuentran al mando de sus hogares debido a la migración masculina. En sus fotografías, queda claro que en Cuba las casas están predominantemente habitadas por madres e hijos. «La primera imagen de este trabajo habla de la típica situación de una familia cubana», explica. Mostrando escenas cotidianas que reflejan la lucha por la supervivencia en un país que ha sufrido una crisis profunda, donde la economía ha disminuido un 12% desde 2019. Esta caída, atribuidas a las sanciones de Estados Unidos y la pandemia de COVID-19, ha generado una espiral inflacionaria que deja a la población en condiciones de escasez y descontento.
Los retos alimentarios son palpables en la obra de Hernández, quien ha sido testigo del racionamiento de alimentos en Cuba, resultado de la falta de ingredientes en las panaderías. Atrapados en esta crisis, muchos panaderos locales expresan su deseo de emigrar tras ver fotos bastas y esperanzadoras de países como México. En su relato visual, la fotógrafa captura no solo la escasez, sino el espíritu resiliente del pueblo cubano. Las imágenes retratan a una madre cuidando de su hija en un abasto, en medio de una crisis habitacional que ha llevado a muchas familias a vivir en condiciones precarias, muchas veces hacinadas en espacios reducidos.
El efecto de la crisis también está mostrando sus garras en las cifras de natalidad; en 2024, las estadísticas reflejan que Cuba ha alcanzado el menor número de nacimientos en décadas, solo 71,000, un descenso casi alarmante en comparación al año anterior. Al mismo tiempo, la población está empezando a decrecer, una realidad que afecta de manera desproporcionada a los jóvenes que ven en la emigración la única salida. Desgarradoras son las historias de familias separadas por la búsqueda de mejores condiciones de vida, como la de una pequeña niña que espera ser llevada a República Dominicana por su hermana mayor, quien ya ha alcanzado la meta de emigrar.
En sus visitas a Cuba, Hernández ha podido atestiguar las dificultades cotidianas exacerbadas por los apagones prolongados que afectan la vida diaria. La fotógrafa narra su experiencia de un apagón que duró tres días durante un huracán, un evento que mezcla la desesperación con la solidaridad entre cubanos. Su relato fotográfico es un llamado a la humanidad, a ver más allá de un país atrapado en sus problemas políticos y económicos. En este sentido, la obra de Sandra Hernández no solo documenta la lucha de los cubanos; también celebra su capacidad de resistencia, su hospitalidad y la calidez de su comunidad, elementos que continúan brillando en medio de la adversidad.



















