En una sesión reciente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), Rusia y China ejercieron su derecho a veto contra una resolución que pedía a los Estados interesados en utilizar el estrecho de Ormuz coordinar esfuerzos defensivos para la seguridad del transporte marítimo. La propuesta fue impulsada por seis países, incluyendo Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, quienes solicitaban el establecimiento de escoltas armadas multiestatales para garantizar la libre circulación de buques comerciales. A pesar de recibir el apoyo de 11 de los 15 miembros del Consejo, el veto de los dos poderes permanentes dejó en evidencia la divisoria geopolítica que persiste en la región.
La resolución inicialmente contemplaba el uso de «todos los medios defensivos necesarios» por parte de los Estados miembros para asegurar el paso por el estrecho durante seis meses. Sin embargo, en un intento por evitar el veto, el texto fue modificado, pero aún así, China y Rusia decidieron rechazarla, justificando su posición en la defensa de la soberanía y la regulación internacional de las aguas. Irán, por su parte, expresó su gratitud hacia ambos países, calificando su veto como un acto responsable que protege la Carta de las Naciones Unidas y evita la agitación provocada por las acciones estadounidenses en la región.
Volker Türk, alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, criticó enérgicamente las recientes amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de «aniquilar» Irán en caso de no abrir el estrecho de Ormuz. Türk calificó estas declaraciones como «deleznables» y advirtió que tales comentarios son inaceptables, ya que si se llevaran a cabo, constituirían graves crímenes internacionales. Su crítica subraya un creciente malestar en la comunidad internacional ante la escalada de tensiones en Medio Oriente y el potencial de un conflicto armado.
En su declaración, Türk también condenó la retórica incendiaria utilizada en los conflictos de la región, instando a una desescalada urgente de la situación para salvaguardar la vida de los civiles. Recordó que atacar deliberadamente a poblaciones civiles y sus infraestructuras no solo es moralmente reprobable, sino que también representa una violación del derecho internacional. Su llamado se produce en un momento en que la comunidad internacional busca una solución pacífica a las crecientes hostilidades entre distintos actores en Oriente Medio.
El veto por parte de Rusia y China, así como las preocupaciones expresadas por el alto comisionado de la ONU, ponen de manifiesto la complejidad de la situación en el estrecho de Ormuz, un punto crítico para el comercio marítimo mundial. La comunidad internacional parece dividida, y mientras algunos abogan por medidas de seguridad reforzadas, otros resaltan la importancia de una diplomacia efectiva que evite el conflicto. La tensión en la región sigue siendo motivo de preocupación global, y el futuro de la seguridad marítima se perfila incierto ante los actuales desafíos diplomáticos.



















