Casi 8 millones de bolivianos, tanto en el país como en el exterior, se preparan para elegir este domingo a su próximo presidente, vicepresidente y parlamentarios, en unas elecciones que podrían poner fin a dos décadas de gobiernos de corte socialista. Según los sondeos previos, los candidatos de centroderecha Samuel Doria, Jorge Quiroga y Manfred Reyes son los favoritos para hacerse con la presidencia, mientras que el actual presidente Luis Arce, del Movimiento al Socialismo (MAS), ha optado por no buscar la reelección en medio de una crisis económica que ha llevado a la nación a enfrentar inflación y escasez de divisas. Este proceso electoral se considera crucial para la estabilidad política futura del país y la recuperación económica, aspectos que han generado un amplio debate y expectativa entre la población.
Luis Arce, el actual mandatario, ejerció su derecho al voto en la ciudad de La Paz y, en un mensaje a la nación, aseguró que este proceso representa un «tránsito democrático» esencial para Bolivia. «Recuperar la democracia es la mejor herencia que dejaré», afirmó Arce, quien hizo un llamado a los bolivianos a unirse en este desafío. La renuncia del presidente a buscar la reelección se produce en un contexto de alta tensión y críticas hacia su gobierno debido a la situación económica precaria que enfrenta Bolivia, lo que ha minado el apoyo popular hacia su partido.
El proceso electoral del domingo no sólo es significativo por el cambio potencial de gobierno, sino también porque se considera el más importante en la historia contemporánea boliviana, según Óscar Hassenteufel, presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE). La elección coincide con los festejos del bicentenario de la independencia de Bolivia, lo que añade un simbolismo adicional a la jornada. Con más de 7,5 millones de ciudadanos habilitados para votar, se espera una afluencia masiva en los centros de votación, lo que subraya la importancia de esta elección en la consolidación de un futuro democrático.
La jornada estará supervisada por más de 200,000 jurados en 34,026 mesas electorales y contará con la participación de 14 misiones internacionales de observación, entre ellas la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos. Estas misiones tienen la tarea de asegurarse de que las elecciones transcurran de manera transparente y pacífica, lo que resulta crucial para restaurar la confianza del electorado en el sistema democrático tras años de tensiones políticas y sociales. La comunidad internacional sigue de cerca el desarrollo de este proceso y su impacto en la estabilidad regional.
A partir de los resultados de las elecciones, se prevé que, si ningún candidato logra la mayoría absoluta, podría ser necesaria una segunda vuelta, un resultado que complica aún más el panorama político boliviano. Entre los candidatos principales se encuentra el ministro del Interior, Eduardo del Castillo, quien ha tenido un desempeño débil en las encuestas, lo que pone en duda la viabilidad del MAS para mantenerse en el poder. Con el desenlace de estas elecciones, Bolivia podría estar ante un cambio significativo en su trayectoria política, que podría implicar una reorientación hacia políticas más centradas en el sector privado y la inversión, según las propuestas de los candidatos de centroderecha.


















