La reciente captura de Nicolás Maduro ha resurgido el debate sobre la crítica situación económica de Venezuela, que ha estado sumida en una crisis profunda durante más de una década. Este acontecimiento no solo tiene implicaciones políticas, sino que también pone de manifiesto la realidad devastadora que enfrenta el país. Las cifras y diagnósticos apuntan hacia un deterioro estructural de la economía, uno que, según los expertos, ha estado presente incluso antes de la imposición de sanciones internacionales. La economía venezolana, según Juan Nagel, economista de la Universidad de los Andes, es hoy un 75% más pequeña de lo que era hace diez años, lo que refleja la gravedad del manejo económico bajo el régimen de Maduro y el colapso de la producción petrolera, fundamental para la economía del país.
El diagnóstico presentado por el economista Nagel revela que las bases de la economía venezolana son alarmantemente frágiles. En sus afirmaciones, menciona la ausencia de un sistema bancario efectivo, la falta de un sistema de créditos viable, una moneda que carece de credibilidad, y la inexistencia de un banco central independiente, así como de un presupuesto nacional funcional. Este conjunto de factores ha llevado a Venezuela a enfrentar no solo una hiperinflación descontrolada, sino también a un panorama económico tan deteriorado que, en sus palabras, implica la necesidad de empezar desde cero. La falta de políticas monetarias adecuadas ha exacerbado la crisis inflacionaria, haciendo casi imposible la previsibilidad económica.
La recuperación económica de Venezuela, según Nagel, es un proceso extremadamente complejo y de largo aliento. Plantea que es difícil estimar cuántos años serán necesarios para la reconstrucción del país. No obstante, el economista se atreve a mencionar que el primer paso hacia la recuperación es un esfuerzo decidido por frenar la hiperinflación, y la creación de una política que inspire confianza en el aumento de la producción petrolera. Esto requeriría inversiones significativas en infraestructura básica, elemento fundamental para el renacer de la economía. Sin embargo, Nagel subraya que cualquier indicio de mejoría económica dependerá de cambios políticos en el país.
Las condiciones económicas y políticas actuales arrojan serias dudas sobre la posibilidad de una recuperación exitosa. El economista de la Uandes enfatiza que sin una verdadera democratización en Venezuela, sin la liberación de los presos políticos, y sin la instauración de un gobierno que sea creíble y que cuente con personas capacitadas en sus filas, es improbable que se logren avances significativos. Para la comunidad internacional, resulta fundamental la presencia de interlocutores válidos que puedan guiar el camino hacia una nueva etapa de desarrollo y confianza económica. La reconstrucción no solo demandará esfuerzos económicos, sino también voluntades políticas y sociales para abordar de raíz la crisis que aqueja al país.
En conclusión, la situación económica de Venezuela post captura de Maduro se presenta como un rompecabezas complicado que requiere una aproximación multidimensional. La escasa infraestructura económica, el mal manejo gubernamental, y el contexto de polarización política forman un triángulo que dificulta cualquier intento de recuperación. Para el país caribeño, la clave estará en la capacidad de sus líderes para establecer un diálogo constructivo que permita la reconciliación y el restablecimiento de un marco de políticas coherentes, necesarias para dar inicio a un resurgimiento económico sostenido. Solo a partir de un cambio profundo en la cultura política y económica, será posible vislumbrar un futuro más prometedor para Venezuela.


















