El Comando Vermelho, conocido por ser uno de los grupos criminales más antiguos y temidos de Brasil, ha sido recientemente designado por el gobierno de Estados Unidos como una organización terrorista. Esta categorización abre un nuevo panorama en la lucha contra el narcotráfico en América Latina, ya que permite la implementación de sanciones económicas y el uso de la fuerza militar para su desmantelamiento. La creación de este grupo se remonta a la década de 1970, en el contexto de una prisión en Río de Janeiro donde convivían presos comunes y militantes de izquierda, origen que refleja su evolución de ser un grupo de autoprotección a una poderosa estructura criminal.
Fundado primero como la «Falange Vermelha» durante el periodo de la dictadura militar brasileña, el Comando Vermelho ha dejado de lado sus raíces ideológicas para centrarse en actividades ilícitas como el tráfico de drogas, el robo a bancos y la extorsión. Su transformación ha sido notable, convirtiéndose en un actor clave en el narcotráfico en toda América Latina. Hoy en día, esta organización opera de manera descentralizada, con células autónomas que mantienen lealtad al grupo central, lo cual ha facilitado su expansión más allá de Río de Janeiro hacia regiones como Amazonas y Mato Grosso, así como a países vecinos como Paraguay, Perú y Colombia.
Las alianzas estratégicas que el Comando Vermelho ha establecido con narcotraficantes colombianos desde la década de 1980 han sido cruciales para su crecimiento. Estas colaboraciones han potenciado su capacidad para controlar rutas de tráfico de cocaína, principalmente en la triple frontera entre Brasil, Colombia y Perú. Las autoridades brasileñas han comenzado a catalogar la influencia del grupo como un fenómeno de «narcoterrorismo», un término que destaca la gravedad del problema que representa para la seguridad nacional. Su expansión territorial y operativa pone en evidencia el desafío que enfrentan las fuerzas del orden en el país ante una organización con amplio poder y recursos.
El 2025 fue un año clave en la lucha contra el Comando Vermelho, cuando el gobierno de Río de Janeiro llevó a cabo el operativo policial más grande de su historia en las favelas de Alemão y Penha. Este operativo, que movilizó a más de 2,500 agentes, fue una respuesta contundente a la creciente percepción de que el grupo actúa como un «estado paralelo» en varias partes de Brasil. Además de las actividades narcotraficantes, el Comando Vermelho mantiene un control social y económico en las comunidades donde opera, ofreciendo servicios y empleo en contextos donde la presencia del Estado es prácticamente inexistente, lo que les ha permitido fortalecer su influencia a lo largo de los años.
Finalmente, el Comando Vermelho ha demostrado una resiliencia notable, sobreviviendo más de cinco décadas a pesar del encarcelamiento de varios de sus líderes. Las investigaciones recientes han revelado la brutalidad de la organización, incluyendo severos castigos a aquellos que infringen sus reglas internas. En medio de este contexto, el uso de tecnología avanzada, como drones y armamento de alto calibre, evidencia la sofisticación en la que ha llegado a operar el grupo. La amenaza que representa el Comando Vermelho es ahora un tema de discusión entre gobiernos y organismos internacionales, quienes buscan estrategias efectivas para contrarrestar su poder y su impacto en la seguridad regional.



















