Quizás no los oigas, pero puedes verlos transitar por cualquier avenida de Montevideo: los autos eléctricos han irrumpido en el paisaje urbano de Uruguay a una velocidad sorprendente para América Latina. Con más de 5.382 vehículos eléctricos livianos por millón de habitantes, el país se posiciona a la cabeza de la región en esta revolución automotriz, según un estudio de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde). Durante el año pasado, uno de cada cinco vehículos nuevos vendidos en Uruguay fue eléctrico, lo que representa un incremento del 147% en comparación con 2024. Este fenómeno no solo refleja un cambio en las preferencias de los consumidores, sino que establece a Uruguay como un líder emergente en el ámbito de la movilidad eléctrica en América Latina.
El crecimiento de la adopción de vehículos eléctricos en Uruguay ha sido impresionante, especialmente cuando se considera que en países como Costa Rica, que solía estar a la vanguardia, solo el 17% de los vehículos nuevos vendidos en 2025 fueron eléctricos. En un contexto en el que la media de la región apenas alcanza el 6%, la penetración de automóviles eléctricos en el mercado uruguayo se muestra equiparable a la de naciones europeas. Juan Diego Celemin, experto en movilidad eléctrica, aplaude estas cifras y señala que «Uruguay se convierte en una estrella ascendente que comienza a dominar la región», augurando un futuro brillante para este tipo de transporte.
El auge de los vehículos eléctricos en Uruguay también se puede atribuir a la política energética del país, que desde 2010 ha apostado por fuentes de energía renovables. Con un 99% de su matriz eléctrica proveniente de hidroeléctricas, eólicas y solares, Uruguay ha logrado reducir su dependencia de combustibles fósiles. Durante la ceremonia de investidura del presidente Yamandú Orsi, el uso de un auto eléctrico simbolizó la trascendencia de esta transformación energética. Ignacio Paz, gerente de Acau, destaca que este acuerdo nacional en materia energética fomenta la rápida incorporación de vehículos eléctricos, convirtiendo a la transición energética en parte integral del desarrollo del país.
Sin embargo, junto a las ventajas económicas de poseer un vehículo eléctrico, también surgen retos. Aunque el coste de cargar un auto eléctrico es considerablemente menor al de llenar un tanque de gasolina, la infraestructura de carga pública está empezando a quedar rezagada frente al rápido crecimiento del parque automotor eléctrico. La estatal UTE está trabajando para desarrollar una red de estaciones de carga en todo el país, pero los usuarios han comenzado a experimentar «ansiedad de rango», esa preocupación de quedarse sin batería antes de encontrar un punto de carga. Esto ha resaltado la necesidad de un desarrollo equilibrado entre la venta de autos eléctricos y la expansión de la infraestructura necesaria.
Finalmente, la disposición final de las baterías de los vehículos eléctricos plantea un importante desafío ambiental y comercial. Con el reciente decreto que regula la recolección y tratamiento de baterías, el gobierno busca abordar este problema, pero la eficacia de estas regulaciones aún está en fase de implementación. Además, cualquier modificación en las ventajas fiscales y tarifarias podría poner en riesgo el crecimiento del mercado. Expertos advierten que el futuro de la movilidad eléctrica en Uruguay dependerá sustancialmente de los precios y de la sostenibilidad de las políticas que han hecho posible este auge. La historia de los autos eléctricos en Uruguay podría ser un verdadero testimonio de cómo un país puede transformar su economía y su entorno mediante el uso de tecnologías limpias.


















