El reciente discurso de Delcy Rodríguez en la Asamblea General de la ONU marcó un hito significativo al ser el primero en dos décadas donde un representante de Venezuela no mencionó a Cuba. Esta omisión es emblemática, ya que históricamente, desde la llegada de Hugo Chávez al poder, ha habido un fuerte lazo entre ambos países, reflejado en las numerosas referencias a La Habana por parte de Chávez y Nicolás Maduro en sus intervenciones en foros internacionales. El hecho de que Rodríguez no cite a Cuba puede interpretarse como un indicio de tensiones en la relación bilateral, especialmente a la luz de los eventos ocurridos tras la captura de Maduro por Estados Unidos el 3 de enero, que dejó a Venezuela buscado reconfigurar su autonomía diplomática.
Desde el periodo de Chávez, la relación entre Venezuela y Cuba fue descrita como una «alianza estratégica». Este lazo se consolidó mediante acuerdos de cooperación que incluían la exportación de petróleo a la isla a cambio de la llegada de médicos cubanos a Venezuela, quienes desempeñaron un papel vital en el sistema de salud del país. Sin embargo, el regreso a un discurso menos enfático hacía el vecino cubano en el ámbito internacional refleja un cambio en las dinámicas de poder y en la percepción de la soberanía venezolana. El auge de la cooperación en áreas como la salud se ha visto seguido por una creciente interrelación en temas de seguridad, poniendo de relieve el profundo involucramiento de La Habana en los asuntos internos venezolanos.
El actual debilitamiento de las relaciones entre Caracas y La Habana ha dejado entrever una verdad más compleja sobre la interdependencia de ambos países. Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, catalogó a Venezuela como un «país amigo», destacando la suavidad de su definición, lo que contradice la idea de una solidaria relación estratégica forjada por Chávez y Castro. Esta evolución también ha sido influenciada por presiones internacionales sobre Venezuela y la necesidad de Rodríguez de calibrar sus alianzas hacia un nuevo escenario donde Estados Unidos juega un papel más protagónico.
Uno de los aspectos más inquietantes del distanciamiento es la disminución de la presencia cubana en el aparato de seguridad de Venezuela. Informes recientes sugieren que, desde el 3 de enero, se han producido evacuaciones de agentes cubanos y médicos, lo que indica un replanteamiento en la misión de cooperación. Frank Mora, experto en relaciones internacionales, menciona que la llamada «descubanización» de las Fuerzas Armadas de Venezuela podría estar en marcha, lo que refleja un cambio fundamental en cómo se percibe y se articula la influencia cubana en el país.
Finalmente, el estado actual de las relaciones entre Cuba y Venezuela podría describirse como un camino de coexistencia más que de alianza. Mientras que La Habana parece más centrada en sobrevivir a su propia crisis interna, del lado venezolano, hay un intento de mantener abiertas las puertas para futuras interacciones, sugiriendo que ni Cuba ni Venezuela están dispuestos a cortar los lazos permanentemente. Este escenario de cautela mutua podría ser un intento por parte de ambos países de navegar las aguas turbulentas de la política internacional actual, a la espera de un cambio que permita reestablecer vínculos más estrechos en el futuro.



















