El día de su cumpleaños, María tenía la esperanza de que solo necesitaría encender una vela en su pastel, como mandan las tradiciones. Sin embargo, el 5 de mayo, cuando traté de felicitarla, el apagón que debía terminar no había finalizado. En Maracaibo, la ciudad donde vive, los cortes de electricidad se han vuelto comunes, y María se resignó al hecho de que el servicio no iba a regresar justo a tiempo para celebrar su día. A pesar de las dificultades, sigue siendo ingeniosa: ha comprado lámparas a batería y ventiladores para soportar el intenso calor zuliano, cuya temperatura promedio se sostiene en torno a los 30 °C. Así, con una sola vela encendida, pudo celebrar su cumpleaños, aunque el ambiente árido de la falta de electricidad siempre esté presente en su día a día.
La problemática del servicio eléctrico en Venezuela es alarmante y no se limita solo a Maracaibo. Según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) de 2025, 90% de los hogares en el país experimentan cortes regulares de electricidad, y el 40% de ellos reporta interrupciones diarias. Esta crisis no es reciente; las medidas de racionamiento de energía comenzaron en 2009 bajo la presidencia de Hugo Chávez, quien proclamó una «emergencia eléctrica» en 2010. A pesar de los años transcurridos, los problemas persisten y, según informes, este año los apagones han aumentado, generando un ambiente de incertidumbre y frustración entre la población.
Las protestas por la falta de electricidad han estallado en todo el país, y en marzo de 2026 se registraron 24 manifestaciones relacionadas con este asunto. El gobierno de Delcy Rodríguez ha tratado de justificar la situación argumentando que el aumento en la temperatura y la reactivación económica han disparado la demanda eléctrica, alcanzando niveles críticos. Sin embargo, expertos como el ingeniero Miguel Lara contradicen estas afirmaciones, señalando que la capacidad instalada del sistema eléctrico ha sido mal gestionada y que la demanda que amenaza a los hogares es simplemente desmedida en relación a la infraestructura disponible.
El sistema eléctrico de Venezuela enfrenta un colapso inminente, en parte por su dependencia de fuentes hidroeléctricas obsoletas, que suman más del 80% de la producción. Aunque teóricamente existe una capacidad total de generación de 36.000 megavatios, en la práctica, solo están disponibles entre 13.000 y 13.500 megavatios. Este déficit ha llevado a que las pocas plantas termoeléctricas que funcionan, operen a un 13% de su capacidad. Miguel Lara advierte que es imposible imaginar una recuperación económica viable sin un suministro eléctrico confiable, lo cual plantea la duda sobre la viabilidad del crecimiento productivo en un país donde la electricidad es un lujo, no un derecho.
El camino hacia una solución sostenible a la crisis eléctrica en Venezuela está lleno de retos, que van desde el cambio político necesario hasta las inversiones económicas cruciales para revitalizar el sector. Miguel Lara estima que se necesitan alrededor de USD 45,000 millones y un período de seis años para implementar un sistema que soporte adecuadamente la demanda. Sin embargo, el primer paso para lograrlo implica un cambio de liderazgo que rompa con los patrones de mala gestión que han prevalecido durante años. Mientras tanto, María y millones de venezolanos seguirán dependiendo de sus lámparas y ventiladores para sobrellevar una realidad que cada vez se siente más oscura.



















