Mientras la población cubana lidia diariamente con apagones extendidos y una aguda escasez de alimentos y medicinas, un conglomerado empresarial, Gaesa (Grupo de Administración Empresarial S.A.), vinculado a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), acumula miles de millones de dólares en un funcionamiento casi opaco. Sin presencia en internet ni canales oficiales, Gaesa opera al margen del control estatal, lo que le permite escapar de auditorías y transparencia. En un contexto donde la mayoría de los cubanos enfrenta una realidad de pobreza extrema, la fortuna del conglomerado, estimada en más de 17.900 millones de dólares en 2024, pone de manifiesto una disparidad alarmante: la riqueza en manos de unos pocos frente a la crisis que sufre la mayoría de la población.
Fundada en los años 90 durante una de las crisis más duras de Cuba post-soviética, Gaesa se estableció inicialmente para generar recursos para las Fuerzas Armadas mediante la administración de empresas en divisas. Con el tiempo, y bajo el liderazgo de figuras como Raúl Castro, el conglomerado ha crecido hasta absorber importantes sectores de la economía cubana, incluyendo turismo y comercio. Emilio Morales, del Havana Consulting Group, describe a Gaesa como un «pulpo» que ha ido consolidando su control sobre las industrias más rentables del país, creando un imperio que opera sin rendir cuentas al estado ni al pueblo cubano.
La falta de rendición de cuentas ha permitido a Gaesa operar en un entorno de escasa regulación. Mientras el gobierno cubano lidia con una economía en quiebra y una notable caída del PIB, Gaesa puede manejar sus operaciones sin el escrutinio público necesario. Esta situación llegó a un punto crítico cuando, en 2024, se destituyó a la contralora general de Cuba tras reconocer que el estado no podía auditar a la empresa. Este tipo de secretismo resalta la desconexión entre la empresa y la realidad económica que vive la mayoría de la población, que, según estimaciones, enfrenta una pobreza extrema.
Con un control desmedido de la economía, Gaesa ha priorizado inversiones en sectores como el turismo, mientras que áreas críticas como la agricultura y la infraestructura eléctrica han quedado relegadas, exacerbando la crisis de escasez. Ignacio Pérez, experto en finanzas cubanas, señala que la inversión desproporcionada en hoteles modernos contrasta con el deterioro de la infraestructura urbana, apuntando a una estrategia que busca captar divisas más que responder a las necesidades del pueblo. Esta desconexión ha llevado a que la crisis actual sea más aguda y visible que en años anteriores.
Las exigencias actuales sobre el gobierno cubano, sumadas a las sanciones impuestas por Estados Unidos, presagian un posible cambio de régimen. En un escenario de transición, uno de los primeros desafíos sería el rastreo de los activos de Gaesa y su papel en la economía nacional. Emilio Morales destaca la relevancia de este conglomerado en la economía cubana, sugiriendo que cualquiera que busque reconstruir el país necesitará acceder a los inmensos recursos económicos que este grupo ha acumulado a lo largo de los años. Mientras tanto, la población continúa sufriendo las consecuencias de una gestión económica opaca y desvinculada de la realidad nacional.



















