El Gobierno de Cuba ha respondido a las recientes acusaciones emitidas por Estados Unidos, donde se sostiene que la isla caribeña alberga «bases militares o de inteligencia extranjeras». En un comunicado oficial del Ministerio de Exteriores, La Habana niega categóricamente estas afirmaciones, subrayando que Cuba no representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. Esta declaración se produce en medio de la tensión entre ambos países, especialmente tras la orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump, que busca bloquear el envío de petróleo a la isla, lo que podría agravar aún más la crisis energética cubana.
La declaración cubana enfatiza que Cuba no ha apoyado ningún tipo de actividad hostil contra Estados Unidos y rechaza las acusaciones que la vinculan con el apoyo a organizaciones extremistas o terroristas. La Habana insiste en su compromiso de condenar el terrorismo en todas sus formas, reafirmando su postura neutral y pacífica en situaciones internacionales. En este sentido, el comunicado advierte que cualquier vínculo pasado con individuos designados como terroristas se dio en escenarios humanitarios y bajo el marco de procesos de paz aprobados por gobiernos nacionales.
Uno de los puntos clave en la declaración oficial fue la intención de Cuba de reactivar y ampliar la cooperación bilateral con Estados Unidos para enfrentar amenazas transnacionales. Las autoridades cubanas proponen un acercamiento en áreas como la lucha contra el terrorismo, la prevención del lavado de dinero, la ciberseguridad y el combate al narcotráfico. Esta disposición a colaborar refleja un interés por parte de La Habana de mantener relaciones constructivas con Washington a pesar de las tensiones actuales.
Cuba también reafirmó su política de «tolerancia cero» respecto al financiamiento del terrorismo y la corrupción, asegurando que no se permite la actividad de grupos extremistas en su territorio. En su comunicado, el Gobierno cubano señaló que cualquier cooperación futura debería basarse en el respeto mutuo y el derecho internacional, lo que demuestra su deseo de ser percibido como un socio responsable en la región. Este enfoque podría ayudar a suavizar las relaciones entre ambos países.
La situación entre Cuba y Estados Unidos sigue siendo delicada y compleja. La declaración cubana representa un intento por parte del Gobierno de la isla de desmarcarse de las acusaciones de terrorismo y de bases militares extranjeras, reforzando su papel como actor comprometido con la paz. A medida que las políticas de Estados Unidos cambian, con medidas que pueden impactar severamente la economía cubana, la respuesta de La Habana busca no solo defensa, sino también diálogo, subrayando la importancia de la cooperación y el entendimiento en el continente.


















