Sandra Soto, de 62 años, se encontró en medio de una noche que jamás olvidará. La noche del 17 de enero, mientras las llamas se veían a lo lejos en la población Ríos en Lirquén, región del Biobío, se sintió inquieta y decidió no dormir. A pesar de que su hogar era su refugio, algo le decía que no era seguro permanecer allí, así que optó por llamar a un taxi y dirigirse a la casa de sus padres. La trágica decisión le salvó la vida, ya que al regresar la mañana siguiente, se encontró solo con escombros. La devastación por uno de los incendios más agresivos que ha afectado a Chile resulta evidente, con más de 34.000 hectáreas consumidas por las llamas y un saldo trágico de 20 muertos, decenas de heridos y desaparecidos en la región.
El relato de Sandra se entrelaza con el dolor de muchos vecinos que decidieron quedarse a proteger sus pertenencias. Al volver, ella no solo tuvo que enfrentar la pérdida de su hogar, sino que vio cómo otros no tuvieron la misma suerte. Con lágrimas en los ojos, recuerda los momentos de terror al descubrir que un matrimonio había perdido la vida en su intento por proteger sus bienes. “Aquí detrás de nuestra casa, un matrimonio se quemó completo. Al frente, otros vecinos muertos. Entonces, es muy grave”, añade, dejando al aire la complicada realidad de aquellos que pensaron que el peligro no era inminente.
El vínculo familiar fue fundamental en la decisión de Sandra de evacuar. Antes de salir, intentó convencer a su hermana, Marlenne, de que lo hiciera también, pero su enfado se apoderó de ella al ver que su hermana y su cuñada optaron por quedarse. «Les decía que arrancaran, pero ellas pensaron que estaba exagerando», reflexiona con pesar. Sin embargo, la suerte les sonrió, ya que ambas lograron salir a tiempo. La casa de Marlenne, sin embargo, quedó hecha cenizas, un recordatorio desgarrador de lo que se perdió en cuestión de minutos.
A pesar de su propia pérdida, Sandra se preocupa por los damnificados que no cuentan con recursos. Hasta el momento, no ha recibido ayuda directa de las autoridades y planea pasar las noches en un albergue con su pareja. Consciente de la situación precaria en la que se encuentran miles de personas, ella cuestiona: 0 donde van a ir a vivir los que no tienen apoyo?» Con un ruego a las autoridades, subraya la necesidad urgente de una respuesta efectiva que brinde refugio a quienes han quedado en la calle.
La tragedia va más allá de las llamas y afecta profundamente a las familias de la región. Matías Arriagada se convirtió en un símbolo del caos tras recibir la desgarradora noticia de que su padre había fallecido en el incendio. A través de un video en redes sociales, ha hecho un llamado a la solidaridad. «Porfa, necesito que la mayor cantidad de gente, a nivel país, se reúna y ayude a toda la gente de ahí», implora, refiriéndose a Lirquén y sus alrededores. Reacciones como la de Matías reflejan el clamor colectivo por ayuda en medio del caos y la tragedia, que han marcado a fuego la memoria de toda una comunidad.



















